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El capitán Miguel, aunque desilusionado, decidió preguntar a los monos matemáticos:

—¿Qué os gustaría recibir a cambio de la receta de garbanzos con bananas?

—El fruto del tabuenomubueno.

Dijo el anciano mono Anselmo apartando su vista del sudoku.

Al oír esto, se levantó un fuerte murmullo en el resto de la comunidad de monos matemáticos y miraron desafiantes al capitán.

—¿El fruto del tabuenomubueno? —titubeó el capitán.

El mono Anselmo peló con lentitud una banana tira a tira, le dio un bocado y, sin decir nada (para no hablar con la boca llena), agachó la cabeza en señal de afirmación.

—¡Glup! —tragó saliva el capitán Miguel.

Pero qué porras sería el fruto del tabuenomubueno, se preguntaba el capitán mientras miraba de refilón a los monos matemáticos.

Al ver que nadie soltaba ni prenda, el capitán Miguel, que era muy intrépido (o al menos eso creía él), sin amilanarse, contestó:

—Ta’ bien.

Y, sin pensárselo dos veces, un poco a lo loco, dio media vuelta y se lanzó a la aventura por el planeta Mates en busca del misterioso fruto.

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