TEXTO DESCARTADO
A estas alturas de la película, ya es vox populi que el bufón ha ido contra el 17R, acusándole de traicionar los valores de la revolución por haber hecho las huelgas inteligentes con los puntos de Adil.
De hecho, por si todavía no hubiera quedado suficientemente claro, en el último vídeo del bufón, este ha salido vestido de riguroso luto, en un cementerio, enterrando un ataúd en cuya lápida ponía: 17R, descansa en paz.
El 17R se defiende diciendo que todo lo que ellos han usado ha sido donado altruístamente por las empresas de Adil. Pero la democracia electrónica, el tribunal popular y el hacedor indican científicamente que nadie les ha creído.
—Ahora, en Populus hay millones de vídeos donde reconocidos activistas del 17R, muchos niños de papá, niños de empresarios adilanos, cogen los puntos de sus padres para hacer sus cositas, comprarse su coche, correrse sus juergas, y, sobre todo, para hacerle la revolución al mismo Adil, QUE ES EL QUE LES ESTÁ DANDO DE COMER. ¡HABRASE VISTO! Eso se llama tener morro y lo demás es tontería, vamos, hoooooombreeeee. Presos, presos les metía yo, a todos, para que entiendan de una vez por todas algo muy sencillito, y es que NO SE MUERDE LA MANO QUE TE DA DE COMER —dicen en los medios de comunicación que son propiedad de los faraones.
Entretanto, todos los ojos se han puesto sobre Adil, que ha hecho mutis por el foro, dejando el asunto en manos de nuestros abogados, según palabras suyas.
Y dicho y hecho. En menos de lo que canta un gallo, el movimiento R ya tiene una denuncia en el Tribunal Popular. Legitima así Adil con este acto la justicia impartida por el pueblo, según unos, y según otros, pone a prueba así al 17R, levantando la curiosidad entre la gente de si el 17R aceptará la condena y reconocerá así la legitimidad del Tribunal Popular que el mismo movimiento ayudó a crear con sus propias manos.
Son las ocho y media de la tarde, hora global, y el juicio ya está bastante avanzado. Por ahora, fruto de los debates, parece que ya se ha consensuado que por lo que se juzga al movimiento 17R es por el posible delito de mentir a la población, diciendo que un mundo sin dinero era posible cuando, en realidad, la praxis de su utopía estaba completamente corrompida.
Después de este primer consenso han transcurrido unas cuantas horas hasta llegar al siguiente. Queda demostrado, dice el Hacedor de la plataforma de justicia electrónica, que el 17R ha usado puntos para financiar su modelo de utopía o de revolución.
Pasan de nuevo otras seis horas hasta que se llega a un acuerdo del ochenta por ciento entre todos los participantes sobre el veredicto. El 17R es culpable.
Se sienten las masas muy poderosas. Por fin pueden darle a los jodidos frikis intelectuales y artistones del 17R una buena colleja, y reprenderlos por fin, después de que ellos, que son tan guays y tan jodidamente snobs, les dijeran a ellos, la masa, cómo hablar y vestir, cómo recoger civilizadamente el dinero de las lluvias que caían en las asambleas, cómo ser más inclusivo, más feminista, cómo tratar a los animales, cómo meditar, cómo, cómo, cómo, ¡a tomar por el puto culo ya, hombreeeee!, piensan las masas, que se están dando su pequeña venganza personal y que ahora se disponen a hacer algo que les da mucho placer: buscar el castigo, poner la pena.
Pasan otras cuantas horitas, el doble que el anterior, hasta que el consenso máximo se alcanza. Consenso máximo significa que ya el hacedor no puede sintetizar más por mucha información que se siga produciendo. Es el límite del consenso, y esta vez ha llegado al 75 por ciento y, tras unas horas sin subir, se ha aceptado por cien por cien que el 75 por ciento de consenso era suficiente para ejecutar la pena.
Los faraones están encantados de la vida. Sus secuaces han hecho propuestas a tutiplé. Pena de muerte, tortura, arrancarles los ojos, cortarles dos manos, cortarles una mano, obligarlos a trabajar de forma forzada… toda clase de barbaridades que los neonazis, que son súper activos en los jurados masivos del Tribunal Popular, han apoyado ciegamente. No obstante, los datos son los datos, y estas no son ni por mucho las propuestas de pena con más apoyo en la democracia electrónica.
El sadismo ha sido descartado por la masa inmediatamente y, así lo ha hecho el Hacedor, relegando estas propuestas a los puestos más bajos de la lista de castigos.
Un mexicano del DF ha propuesto una cosa muy loquer que, quizá por ser muy loquer, ha ido para arriba que se las pela, trepando con ligereza hacia posiciones muy altas en el hacedor.
El mexicano chingón, que así se hace llamar, ha propuesto exiliar al 17R de todos los continentes, expulsarlo hacia las islas desiertas y hacerlo sin ningún tipo de recursos, para que ellos, que dicen que son inocentes, puedan demostrarle al mundo que una sociedad puede funcionar sin dinero y ser incluso más próspera que las basadas en él.
El mexicano chingón lo ha llamado El experimento cuántico y primitivo, y propone que toda la humanidad tenga acceso a él mediante cámaras las 24 horas al día de todo lo que pasa allí, puesto que es un experimento científico y tiene que ser transparente.
Dicho y hecho, y hoy, a las nueve de la noche, hora global, el 17R admite la legitimidad de la justicia popular, aceptando la condena y exiliándose a las islas perdidas y deshabitadas desperdigadas por todo el planeta Tierra.
Las masas acuden a las estaciones de tren, a los puertos navales, a los aeropuertos, a despedir a los del 17R con falsas lágrimas en los ojos, con pañuelos blancos ondeando al viento, con canciones de despedida como la de Cuando un amigo se va, pero lo cierto es que el ego de la masa está henchido de orgullo y de poder y, mientras que con una mano se golpean el pecho, con la otra sostienen el pinganillo en el oído, a través del cual están escuchando con fervor al bufón que, como siempre, ha empezado a comerles la oreja, a jugar con su débil ego, tan propenso a los halagos, tan reticente a las críticas:
—El poder de la masa individualizada, de la masa fina, de la masa sincronizada es infinito. Vosotros, no yo, habéis acojonado a los faraones, habéis exiliado al 17R, habéis derrumbado el sistema judicial, le habéis plantado cara a las huelgas de los robots… Vosotros sois el pueblo, y, si queréis, como hacía Julio César, con solo bajar un dedo podéis hacer caer al mismísimo presidente de los EEUU.
Los aviones, trenes y barcos se han marchado por fin. Y de vuelta, la masa jalea enfervorecida al bufón, y levanta el dedo hacia arriba, recordando no sé qué película de romanos, y levanta el pecho, así, muy orgullosota, como imitando a los césares, y luego, con mucha solemnidad, baja el dedo, dándole permiso al bufón para que haga lo que se le dé la puta gana, siempre y cuando le deje bien claro a la élite que la masa es la que manda.