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Tal y como nos explican en el documental, Nueva York en esa época era una ciudad a la que llegaban miles de personas. La constitución de EEUU avala el sueño americano, supuestamente, EEUU es la tierra de las oportunidades, donde todo el mundo puede acceder al bienestar material haciendo lo que le gusta, pero ¿es realmente así? ROTUNDAMENTE, NO.

Y menos para las mujeres, para las mujeres pobres y sin educación, que tienen que hacer LO QUE SEA, para acceder al dinero, y pagarse con este dinero la vida.

Porque ya todos sabemos, consciente o inconscientemente, que antes de la abolición del dinero, la vida NO era gratis.

Así pues, en esta época de la historia, las mujeres necesitadas en la sociedad capitalista y patriarcal tienen que convertir su cuerpo en mercancía y venderlo a cambio de dinero.

Y los asesinos de este tipo comprenden perfectamente el funcionamiento de este sistema, que debilita a las mujeres, colocándolas en una posición inferior. De modo que si antiguamente, se sometía a los desposeídos por el privilegio de la sangre, ahora en la época moderna, y después de la revolución burguesa en Francia, es el privilegio del dinero lo que convierte a un hombre mediocre, sin títulos nobiliarios, ni especial inteligencia, ni belleza, ni habilidades, en dueño y señor.

Con su dinero por delante, ganado en un puesto de trabajo de baja estopa, iba el asesino de Time Square parapetado, seguro, con coartada, para dar tortura y matar a las mujeres que vendían su cuerpo.

Tiempo después, él confesó que sentía una sensación maravillosa, pero no, señor Papa Noël, no es mérito suyo, es la estructura que usted habita la que le habilitó para cometer esos crímenes, ejerciendo su poder del dinero sobre estas mujeres.

Por lo tanto, ya sabemos pues que los sádicos de clase media, como en el caso Jubany, ya tienen patente de corso para matar; y a este en concreto, torturar y matar le resultaba fácil y barato, ya que el sistema, que desprecia a todos los que no tienen dinero, no invierte demasiado en restituir esta injusticia de base, ya que entonces, dicho sistema, que está basado en la desigualdad, perdería su esencia y su razón de ser.

Que también en esto de las víctimas hay clases sociales, como insistimos, no podría ser de otra manera.

Recomendamos pues la lectura del Año de la Abolición del dinero, para abrir nuestras mentes, y recobrar la esperanza en un futuro tan utópico como necesario, y en la creación de un nuevo sistema, basado en la abundancia radical, y donde el sexo se dé por placer, tal y como nos enseñó Dulcinea en los Kaliforni’as Dreaming, en el mes de Marzo de la revolución.

Un súper mundo feliz no espera, y en él, el crimen será cosa del pasado.

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