Primero de todo me gustaría decirles que yo soy un escritor anónimo. No se esfuercen por conocer mi identidad, será inútil. Y este servidor que es el que narra el texto soy yo. Un narrador. Y como todo narrador es un personaje; yo, que soy un animal como otro cualquiera, soy también un personaje de mí mismo. Ese soy yo, un personaje más de este blog. No os espantéis por este comienzo. Os lo suplico. Mi novela se llama El animal, y aunque este comienzo no le haga ningún honor, me gustaría hacerles saber que este escrito no hablaré de mí, sino de animales.

Pónganse cómodos en sus sillones, incluso un poco distraídos, justo el punto de atención necesaria que se necesita para ver un documental de animales de la 2 después de comer. Porque aquí hablaremos de la esencia de todo ser humano, de su animalidad. En este blog os contaré una historia muy divertida. La historia de mi vida, la cual, como la vuestra no es otra cosa que una vida más dentro de un universo infinito. Nosotros en cambio no lo somos. La vida nos vende a todos el mismo viaje, con las mismas paradas, unos se bajan antes y otros después. La vida es y debe ser un sueño. Esta es la primera ley que debes conocer. Todo animal humano tiene la obligación de preguntarse cuál es su sueño, puesto que tiene la capacidad para hacerlo. En su defecto, la escuela tiene que cumplir con este deber. La vida es un sueño de diferente duración, ¿cuál es el tuyo? La segunda cosa que debemos y en su defecto que deben preguntarnos es cuáles son nuestros principios. Una vez que tenemos esto claro, la vida es un juego. No queda otra que apostar. A veces ganaremos y otras no, pero lo importante es ¿a qué apuestas tú? ¿Qué vas a ganar y qué vas a perder con tus acciones? Esto te corresponde a ti preguntártelo porque solo así serás dueño de tu vida y de tus elecciones. Esta es la historia de mi vida. La vida para mí siempre ha sido patética. Pero ¿existe algo más patético que estar soñando con que mi vida es patética? Ese soy yo. ¿Y? Pues nada, solo eso. Una de las razones por las que la vida me parece patética es porque está jugando conmigo. Y al enemigo, ni agua. Decidme, ¿qué gano tomándome en serio una partida perdida desde el comienzo? De partida, este juego ya es injusto.

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