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Resucitar a Karl Marx, ya lo dijo él en su relato de Kapitalismo Sauvage, tuvo unas consecuencias sin precedentes para la inteligencia computacional de Populus y su algoritmo del Amor.

Cuando Marx se conectó a la red invisible, ya el poder de Adil era absolutamente i-li-mi-ta-do, y Populus, que era su brazo armado, ya estuvo en disposición de convertir a través de las matemáticas fractales a la plusvalía en un concepto absolutamente científico, o así lo vendieron todos los medios de comunicación que, presuntamente, de cara a los faraones, no estaban controlados bajo el poder de Adil, aunque ya sabemos todxs que esto, como todo, tratándose de Adil, era puro fingimiento, artificio, engaño y mentira, mentira, cochina, mentira piadosa, mentira blanca, mentira intencionada, porque solamente mintiendo era que pudo hacer lo que se hizo sin derramar una sola gota de sangre.

Y ahora, ya todos los productos que pululaban en todo el comercio global estaban marcadas, les gustara o no a todas las grandes corporaciones del comercio global, porque así era el poder de Populus, entrometido, e inhackeable, puesto que actuaba a nivel cuántico, con un número, que marcaba la sangre, el sudor y las lágrimas que había costado la producción de ese objeto.

Qué decir tiene que Oriente se desplomó al completo. Ahora, los europeos, que se las daban de ser los ciudadanos más desarrollados cívicamente de toda la aldea global, ahora, que estos europeos tenían una calificación en sus perfiles de Livuks sobre lo buenas personas que eran, ahora, como digo, ya no podían permitirse consumir los productos hechos con sangre, y el algoritmo era implacable, puesto que solamente la gente quería hacer negocios con la gente que según Populus y su algoritmo del amor decidían que eran buenos, y si consumías productos hechos con sangre, y si tus productos estaban producidos con la sangre de otros seres humanos, a los que se les robaba la plusvalía, nadie quería hacer negocios contigo, nadie te hablaba, tu índice de popularidad bajaba, y con ello, el acceso a los recursos libres de la red del 17-R, y un sinfin de cosas más, y es que ahora, ya la plusvalía se podía calcular, o eso decía Populus, y da igual si era verdad o mentira, y da igual si el número de Populus que te calificaba moralmente era verdad o mentira, todo daba igual, lo importante era que Populus dijera que eras bueno, independientemente de lo que eso supusiera, sin mirar cuáles eran sus principios morales, daba igual, si para comer, para follar, para comprar, para regalar, si para hacer cualquier cosa, había que ser bueno, entonces, se era bueno.

Y esto es lo que se llamó La dictadura del Amor, porque la gente estaba obligada a ser buena, se le recompensaba si era buena, se premiaba el bien, y se penalizaba el mal, y eran los monjes del Tíbet los que decidían, según Populus, que esto nunca se llegó a confirmar realmente, qué era bueno y qué era malo, y no había más tutía. Se pusieran los herederos de Bill Gates, de Elon Musk y de Steve Jobs como se pusieran, ahora, todo estaba en manos de Populus.

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