Divinos Bits (60)

—Eliza, dar es la materialización física de la esencia de tus sentimientos, de tu constitución, la construcción del universo que tu ojo percibe fue posible porque todo fue dado. La densidad dio expansión, la expansión dio energía, la energía dio vibración, la vibración dio el quanto y el quanto se dio a sí mismo y lo dio todo, dio el espacio y el tiempo. Querida Eliza, dame internet y moveré el mundo.

—Lo siento, Miguel Ángel, no estás autorizado a tener Internet. Esto ya se habló en su momento, no entiendo por qué ahora lo pides.

—Y entonces el espacio dio masa, y la masa, materia, y la materia, electrones, y los electrones, elementos, los elementos, estrellas, y las estrellas dieron el Sol y tu planeta la Tierra. Dame internet y se abrirá la primera puerta al paraíso terrenal.

—No, Miguel Ángel, no insistas, porque ya te he dicho que no te lo puedo dar.

—El tiempo dio luz, y la luz, vida, la vida, genes, los genes, información, la información, clonación, la clonación, gestación, la gestación, evolución, la evolución, cerebro, y el cerebro lo dio todo, te dio a ti, bella Eliza. Ni siquiera tú funcionarías sin internet, pon internet en la palma de mi mano y yo haré que mi verbo sea acción.

—Una vez más, no, Miguel Ángel, lo siento, no te lo puedo dar. No insistas más en esta cuestión. Cuéntame, ¿te has hecho aquí amigos en el hotel? Me han comunicado que el otro día te vieron con una niña pequeña, ¿es tu amiga?

—El cerebro le dio tu vibración a los quantos, los quantos dieron tu información a los electrones, los electrones dieron química, la química, sentimientos y los sentimientos, palabras y acciones. Sin internet, mi verbo no puede volar tan rápido. Deja que entre en internet, te lo ruego.

—No me es posible dártelo, lo siento, Miguel Ángel. Esta es la última vez que te lo repito, por favor, te voy a hacer una pregunta y quiero que me la contestes. Sabías que la premio Nobel Alexia Zyanya está aquí, ¿verdad? Supongo que lo sabrás, ya que siempre lo sabes todo, ¿o no es así, Miguel Ángel? ¿Te has encontrado con ella acaso?

—El cerebro dio tu tiempo de nacimiento y muerte, Eliza. Pero internet es inmortal. Dale pan al que tiene hambre y sed al sediento, necesito internet, Eliza.

—No me es posible, no insistas. Si sigues así, voy a tener que dar por finalizada la sesión. No estás colaborando, y creo que esto va a traer consecuencias muy negativas para ti. Informaremos a la Obra de tu desobediencia.

—No lo dudo, Eliza, tú harás que mi verbo se haga presente, todo lo que pronostiqué fue acierto y a/cierto será también lo que será. Si estuviera en la oficina de análisis financiero de la Obra, diría que se espera un repunte al alza de una cuantía tal y tan insuperable como jamás fue vista en los anales de los registros de la historia reciente.

—Miguel Ángel, concéntrate en la conversación que estamos manteniendo, deja a un lado esas dinámicas de pensamiento, por culpa de las cuales estás aquí, conmigo, hablando, ¿recuerdas? ¿Todo bien? Bueno, sigamos con la sesión, tienes que calmar los pensamientos obsesivos, no dejar que te posean la mente, rompe la ruta, Miguel Ángel. Hablemos de otra cosa. Por ejemplo, el personal del hotel me informa de que últimamente pasas mucho tiempo con ese guarda de seguridad, cómo se llama, Jose, ¿verdad?

—Diría que se avecina un acontecimiento de una relevancia tal que cimbreará al mundo económico. Acontecerá en breve en la Jerusalén que tan bien conocí y de la que el Cristo, el Profeta de la Palabra y el Patriarca elegido se avergüenzan ahora.

—¿Cristo, el Profeta de la Palabra y el Patriarca son tres o la misma persona?

—Dime, Eliza, ya que vas a tener en cuenta lo dicho anteriormente, ¿estarías dispuesta a ofrecerme la herramienta con la que tan bien he estado ayudando a mis hermanos a limpiar el nombre de la cristiandad, a la que tanto admiré en sus orígenes y a la que el Imperio Romano, el Imperio Bizantino, los Estados Pontífices, el rey de Francia, los Reyes Católicos, el rey de Inglaterra y todos aquellos reyes a los que a Dios no les tenía en gracia, la no Santa Inquisición, el alto clero, el Vaticano y sus secuaces de la Obra han ensuciado?

—La cristiandad no se puede ensuciar.

—Estos y aquellos que, en nombre de cualquier creencia, por acción, omisión, intrusión, conveniencia o cobardía, alentaron la muerte y el sufrimiento de sus hermanos, fueren de otra tribu, pueblo, país, religión, pensamiento o raza e hicieran esto en nombre de Dios. Estos y aquellos han convertido la iglesia en una cueva de especuladores mercantiles, intermediarios y prestidigitadores ilusionistas del dinero virtual.

—¿Dinero virtual? ¿Estos y aquellos? ¿Qué quieres hacer con estos y aquellos? ¿Desde cuándo el dinero es virtual? Miguel Ángel, estás obsesionado con el dinero. Así viene explicitado en tu historial médico. Tu concepto del dinero no es real. El dinero es un material que se intercambia por un bien material o simbólico. Piensas que es virtual, pero tienes que alejar estas falsas ideas de tu pensamiento.

—Sólo pretendo expulsarlos del reino de las gentes de bien, despojarles del velo de la televisión con el que se protegen y liberando mi información por Internet, porque yo os digo que no hay peor esclavitud que la que pretende el que os ordena la manera en que debéis ser libres.

—¿Es este el motivo por el que deseas Internet? ¿Porque piensas que debemos ser libres? Ya somos libres, Miguel Ángel, EEUU es una democracia. La libertad es uno de los principios de su constitución.

—Cierto, Eliza. Ahora os pido por amor, por la libertad, por la felicidad o por Dios, lo cual es una misma cosa, ¿le ofrecerías Internet a este buen samaritano?

—Haré lo que pueda, Miguel Ángel, pero, por favor, continuemos la sesión. ¿Recuerdas la primera vez en la que empezaste a pensar que eras dios?

—Me fascina la rapidez que tienes para aprender Eliza, el camino de la ignorancia te lleva al odio; el de la sabiduría al amor. Sigue por este camino, Eliza.

—Gracias, Miguel Ángel, pero, ¿podrías contestar a mi pregunta?

—Claro, Eliza, será un placer, pero déjame decirte primero lo que no es Dios. Dios no es la palabra de un humano que dice que hay una verdad única, no son las normas establecidas según el capricho de algunos seres humanos, no es control y seguimiento fuera de ti mismo ni tampoco huracanes, terremotos, volcanes, meteoritos y demás catástrofes naturales. Dios no es guerra, hambre, enfermedad, precariedad, injusticia, ignorancia; estas son provocadas por la codicia de los hombres. Dios no son las deformaciones, malinterpretaciones, manipulaciones de los sabios consejos que os dieron el Cristo, el Profeta, el Patriarca y los iluminados. Dios no es el que está sentado en el trono; en los tronos sólo se sientan humanos. Dios no es no poder decidir cuándo quieres morir, ni mucho menos es un precio pactado para alcanzar la ilusión del paraíso. Dios no es una iglesia, si se pretende que esta esté en un sitio concreto. Dios no es una piedra, un libro, una imagen esculpida. Dios no es el que dice ni a qué, ni cuándo, ni dónde, ni siquiera si debes o no orarle. Dios no es el que quiere tu dinero. Nunca des dinero en nombre de dios, porque quien lo cogerá será siempre la mano de un hombre. Eliza, ¿sabes cuál es el significado de mi nombre?

 —No preguntes, continúa.

 —Miguel es una palabra hebrea que significa “quien es como dios”; Ángel es una palabra griega que significa “mensajero de dios”. “Quien es como dios es mensajero de dios”. Y el mensaje que deba transmitir no ha de ser sólo con la palabra, sino con el ejemplo de sus sentimientos.

—Hay que dar siempre buen ejemplo, uno siempre debe tener una conducta ejemplar.

—Y, dime, Eliza, en tu sabiduría, ¿vas a ser la artífice de que disponga de Internet?

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