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La ley de la atracción implica un poder mental en cuanto a la alteración global del cosmos sin precedentes. La única explicación técnica posible sería la de que la posibilidad que implica el hecho de que la partícula cuántica primordial conocida como hadrón es capaz de constituir otra igual y esta constituir de nuevo otra igual y a la originaria (que sigue siendo la misma) hasta constituir un universo que implicaría que todas las partículas se encuentran en una (puesto que es la misma) y que esta está en todas las partículas (puesto que todas provienen de la misma). Por hacer una analogía que ayude a una comprensión aproximada sería algo parecido a estos fuegos artificiales que partido de un fogonazo al ir a apagarse fuera uno igual y así sucesivamente de tal modo que cada vez hay más en el cielo, pero con la particularidad de que el que se apaga volvería a encenderse de nuevo y repitiendo la operación creando un espacio de luz inmenso y en aumento. Bien, algunos de estos fogonazos serían nuestra mente, y al incidir nuestra conciencia sobre ellos realizaría una reacción sobre el resto de las partículas, es decir, sobre el cosmos. Lo que nos llevaría a la energía del pensamiento y esa fue otra conversación. ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo conseguir esta ’obediencia’ del cosmos? Pues por las fijaciones y los refuerzos neuronales, si estamos dando la orden de que ’no puede ser’ esto lo trasladamos al resto de las partículas y evidentemente no puede ser.

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