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En vista de la anterior reflexión de la ley de la atracción necesitaríamos un cerebro que de alguna manera fuera consciente de las órdenes que inciden en las partículas subatómicas, es decir, un cerebro cuántico. Que es cuántico es de perogrullo (todo es cuántico), el verdadero misterio se encuentra en la transición y la interpretación de un deseo, siempre motivado por la realidad de nuestros receptores externos, que proviene del mundo físico, su conversión en reacciones químicas de sodio-potasio y, de ahí, al mundo cuántico (observamos que los átomos de sodio y potasio tienen masa, sin embargo, sus reacciones cuánticas no la tienen). Y después el viaje a la inversa. ¿Dónde se transfiguran las partículas de no tener masa a proporcionarla? Ese sí que es un secreto

Reflexión de Miguel Alda en ISIS en el año 2007.

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