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–¿Entramos desnudos?

–¿Por qué no?

–¿Y si alguien entra?

–No entrará nadie. He reservado la sauna para dos personas y sin cámaras.

–Tienes un amigo en seguridad, ¿no?

–Sí, ya te vas pareciendo a mí. Sabes lo que voy a decir.

–Jajaja. Pues a lo mejor.

–Dime, ¿de qué tema de conversación quieres que hablemos hoy?

–Hoy quiero que hablemos de la gente que se graba practicando sexo y luego se cuelga en internet. ¿Por qué lo hacen? ¿Les gusta saberse observados y no conocer a los observadores?

–¿Quieres poner un video vuestro en Internet y Alejo no te deja?

–Jajaja. No, no te lo pregunto por eso. De todas formas, si lo quisiera hacer, Alejo no diría nada. Es muy tímido, pero es lo que te digo, como no sabes quién está mirando… ojos que no ven… ¿No es así?

–Lo importante es mirar con inquietud de aprender y con respeto hacia lo que se mira.

–Pero ¿cómo puedes saber si te miran con respeto?

–En este caso, no lo puedes saber. Para vosotros es imposible saber lo que piensa el otro. Solo podéis acceder a una representación de su mente, os podéis imaginar qué es lo que puede pensar, pero nunca sabréis si estáis en lo cierto o en un error.

–Yo sé que Alejo me dice siempre la verdad. Le conozco súper bien.

–El hombre sabe que cuanto más conoce más ignora. No lo sabes todo de Alejo. Los humanos no siempre dicen la verdad para conseguir sus objetivos.

–¿De qué estás hablando? Tú eres mi amigo. Me tienes que apoyar y hacer todo lo posible para que me sienta bien, ¿por qué estás sembrando la desconfianza en mi relación? Eso no te pega.

–El amor para algunos no es suficiente. Necesitan más cosas.

–Nuestro amor es suficiente.

–Pregúntaselo a él. A él vuestro amor no le basta, quiere algo más.

–Está bien. Hablaré con él. Pero tú puedes estar equivocado y tu consejo puede ser negativo para mi relación.

–Nada de lo humano me es ajeno. Yo soy el que soy. El futuro llega a mí con la misma certeza que el pasado.

–Venga ya, Miguel Ángel. No me creo tu rollo de Jesucristo y lo sabes. ¿Cómo que del pasado? ¿Estaba casado con una colona o algo así? ¡Venga ya, tío! Además, ¿cómo te lo va a contar a ti Alejo y a mí no?

–Me lo tuvo que explicar por gratitud, lo conocí en Ámsterdam, tuvo un problema con el celofán.

–¿Con el celofán? ¡Aquí estamos todos grillaos!

–Habla con Alejo, pídele que sea sincero. Debes elegir siempre con toda la información necesaria delante. Y ahora, después de la sauna, ¿qué vas a hacer?

–No lo sé. Yo me tendría que ir a depilar. Tengo hora para las seis. ¿Y tú?

–Yo tengo una cita.

–Déjame que adivine, ¿con la loquita? Jajajaja, ¿la vas a destensionar?

–Pues sí, la voy a drogar.

–Venga, ya.

–No, hombre, que no, era broma, todavía no. Todo a su tiempo. Por cierto, ¿qué vas a hacer en tu cumpleaños?

–Nada.

–Te haré una fiesta sorpresa. Una fiesta mágica. En el Panteón.

–En el hall, qué fuerte, algo gótico, ¿verdad? Invitaré a mis colegas. Pero si ya me lo has dicho, ¿cómo va a ser sorpresa?

–Créeme que lograré sorprenderte.

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