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–Lo pedí con la portada negra, negra y roja. Si la vieras, te gustaría, Eliza.

–¿Le tienes mucho aprecio a tu diario, Valeria?

–Mira, lo que te dije del traje: …mi traje va a ser negro, seré una novia vestida de negro, como aquellas novias que se casaban en el país de mis padres estando de luto, me encanta el negro… Porque, ¿de blanco? Una horterada. Hazme caso, Eliza, cuando te vayas a casar, nada de blanco… O de rojo, de rojo estaría también guay y muy sexy.

–¿Por quién estás de luto, Valeria?

–Por nadie, me gusta la muerte. ¿Tú no has pensado nunca en suicidarte?

–Debes pensar en la vida.

–Pues, tía, desde luego, es que no eres humana. Todas mis amigas han pensado en suicidarse así de veces.

–No debes pensarlo ni una sola vez.

–¡Si ya sé que es una tontería! Después se pasa. Cuando me dejó Francesco, me entró una cosa por el cuerpo… una pena que dolía, dolía mucho. Francesco fue mi primer novio, no, miento, mi segundo. Es que el primero era tonto, un pesado, que si lo sé, no le doy cuerda. Francesco era otra cosa, me dio mucha pena cuando me dejó. Me daba tanto amor…

–Francesco te daba mucho amor, ¿no es así?

–Bueno, en realidad, eso es lo que dice una parte de mi cerebro; la otra parte me dice que quien realmente ponía el amor en esa relación era yo. Era una entregadita, Eliza, una arrastrá. Por eso mismo, al final, me dije Valeria, déjate de guaperas que te confunden con su mamá y se creen el ombligo del mundo. Una no debe estar todo el día como un monigote detrás de un tío. Pero yo lo hacía porque pensaba que él sentía el mismo amor por mí que yo por él.

–Nunca habías mencionado a Francesco en esta consulta. ¿Es también un extraterrestre?

–Francesco no era extraterrestre, pero era un grandísimo egoísta. Mucho te quiero, mucho te amo, mucho perdona, pero, a la hora de la verdad, lo suyo primero. Menudo capullo, era tan egoísta que ni siquiera sabía que era egoísta.

–Tú dices que Francesco no es un extraterrestre y que es un egoísta. Alejo, en cambio, es un extraterrestre. ¿Es también egoísta?

–El primer día en esta consulta dije que lo era, pero, en el fondo, no lo pensaba. O al menos es otro rollo diferente al de Francesco. Francesco es ese tipo de hombre que piensa que amar es poseer. Mientras que nosotras nos conformamos con llorar nuestro corazón roto, porque no soportamos tener que dejar de amar, tener que echar hacia atrás ese sentimiento, hacerlo desaparecer.

–Supongo que es difícil hacer desaparecer un sentimiento, cuando no imposible.

–Sí, Eliza, sí que lo es. Mira lo que escribí aquí: …no paro de llorar, llevamos todo el día discutiendo. Si me quiere, ¿por qué no quiere fugarse conmigo lejos de Queens? Por mí, se puede fosfatar el barrio entero. Mi amigo extraterrestre se ha ofrecido a ponernos a salvo de… Aquí todavía no estaba saliendo con Alejo, pero se ve que ya le gustaba y que quería ponerme a salvo, aunque tuviera que cargar con el Francesco.

–¿A salvo de qué te iba a poner Alejo?

–Continúo… no, mejor aquí: Hoy hemos roto, no tengo ganas de nada, ni siquiera de vivir, no puedo ni escribir… Y dejo de escribir. ¡Pero es que mira cómo continúo quince días después!: …quiero, quiero, quiero, quiero, QUIERO, a Francesco, me da igual que se acabe el mundo, sólo lo quiero a él… y al mes: lo quiero, lo quiero, no lo puedo olvidar, ¿pensará él en mí también? ¿Estará pensando en mí ahora? ¿Qué será de él si me marcho con mi amigo extraterrestre? ¡Con lo que va a caerle al planeta!

–¿Qué es lo que va a caerle al planeta, Valeria? Por favor, podrías ser más específica.

–Ahora me estoy dando cuenta, siempre estuvo ahí, todo el tiempo, mi chiquirrín, mi extraterrestre, escucha esto, Eliza: … no lo quiere entender, yo no me puedo marchar y dejar aquí a Francesco, dice que no lo va a poder retrasar más, dice que los colonos están faltos de tierras, que el universo se está quedando pequeño, que serán inevitables los conflictos con los nativos… Y yo, claro, en esos momentos, es que me daba igual que arrasaran ciudades, invadieran naciones o estallaran continentes. Sin mi Francesco, ya podía reventar el planeta.

–¿Cómo puede reventar el planeta? ¿En qué te basas para decir eso?

–¡Jo! Es queeee, estoy leyendo ahora esto con el paso del tiempo, y es que resulta que era de piñón fijo, mira te leo, te dejo que te rías si quieres, porque no es para menos: …hoy hago dos años con Francesco. Aunque mi amigo extraterrestre dice que debería descontarle los seis meses que hace que no nos vemos. Tonterías, yo estoy segura de que volverá y esos seis meses habrá que contarlos como si no hubiéramos estado separados nunca. Creo que me voy a conectar al messenger para felicitarlo…

–Valeria, contesta, ¿qué es lo que querías decir antes?

–Nada, si al final, no pasó nada: …mi amigo dice que olvide la idea, que estoy perdiendo los papeles. No me importa, haría cualquier cosa para volver a estar con él, aceptaría cualquier condición. Ahora entiendo lo de ser esclava de amor, yo sería la esclava de amor de Francesco, que romántico, ya me gustaría…, jojojo, eso es masoquismo y lo demás es tontería. Madre mía, cómo podía ser tan machista, mira, aquí, es que esto es ya el colmo de los colmos: …no estaba en el Messenger, por eso, al final, no lo felicité; no importa, porque le mandé un correo, aunque tampoco por correo me contestó.

–Valeria, insisto, no has contestado a mi pregunta, por favor, contesta a lo que se te está preguntando.

–Perdona, Eliza, ¿cuál era la pregunta?

–¿Qué es lo que va a ocurrir?

–¡Mira, mira lo que escribo aquí!: …Alejo, dice que… Alejo es mi chiquirrín extraterrestre, aquí ya le he puesto nombre. ¿Por dónde iba? Ah, sí…dice que le sorprende la generosidad de las mujeres de todos los planetas. No entiende cómo le podemos ofrecer tanto a quien no se merece nada. Claro, otro, como es hombre, tampoco comprende a las mujeres ni sabe lo que es el amor, tan insensible como Francesco… Es que es todavía hoy y no me lo explico, Eliza, ¿cómo pudo estar sin mí, todo ese tiempo, sin sufrir lo más mínimo? Con el tiempo que me costó a mí superarlo. Da igual, ahora le toca sufrir a él, nos toca sufrir a todos.

–Valeria no me estas explicando nada, ¿por qué tenemos que sufrir todos?

–Perdona, Eliza, acabo de decírtelo ya, te sigo leyendo: Alejo tenía razón, en parte. Me debe dar igual que sufra él o no, me debe dar igual que, lo más seguro, se haya echado ya una novieta, una mujer spaghetti a la antigua que esté todo el día a sus pies. No estaba enamorada de Francesco, estaba enamorada de la imagen de Francesco que yo misma me había inventado en mi mente, para satisfacer mi ilusión. A la vista está que poco tiene que ver este Francesco con mi ilusión y… Sí, sigo enamorada de mi ilusión… ¡Voy a seguir los consejos de Alejo! ¡De quien me debo preocupar de ahora en adelante es de mí misma! Eso no quiere decir que me tenga que convertir en una egoísta gilipollas o algo así, no, sino que tengo que cuidar de mí, ocuparme de mi vida y de mi felicidad, sin obsesionarme al pensar cómo sigue la de Francesco…

–¿Has terminado?

–Espera, esta reflexión es más reciente: …malditos genes, vaya faena me han hecho, mantenerme agarrada a una ilusión. Con su afán de procrearse, los genes son capaces de todo. Me engañaron, están dispuestos a mantener la química del amor aunque sea falsa. Una vez elegidos los genes de un hombre, ¡qué difícil es zafarse de esta dependencia!… y continúo…aprenderé, conoceré, sabré distinguir la dictadura genética cuando esta aparezca; con inteligencia los reconoceré, los esquivaré. Estos genes no sabían que el cerebro se podía volver contra ellos. No quiero que mi vida dependa de sus caprichos, quiero saber responder a la pregunta: ¿Qué quiero yo para mi tiempo de vida? Y no, ¿qué quieren mis genes para mi corta vida?

–¿Qué quieres, Valeria, para tu vida? ¿Por qué crees que es corta? ¿Queda poco tiempo?

–No tiene nada que ver con que quede mucho o poco tiempo. Muy reciente ya, escucha: …he conocido a Miguel Ángel, me dijo que el día que supiera la respuesta a esta pregunta obtendría una revelación y, entonces, todo aparecería con claridad en mi mente. He preguntado a mis amigos a ver qué decían ellos. Hay quien me ha respondido lo que sé que no quiero: poder, dinero y tonterías así. Al final, muchos contestaron lo mismo que yo: ser Feliz. Miguel Ángel me dijo que la felicidad es una causa, y que lo que la gente llama felicidad, en realidad, son los efectos de esta. Así que me imaginé qué haría yo si fuese feliz. Sorprendentemente, lo único que se me ocurría era amar. ¿Qué te parece, Eliza? Eso sí que fue una revelación, de todo lo demás se podía pasar, no tenía importancia…Aunque viniese el fin del mundo, como, de hecho, venía.

–Valeria, ¿estás diciendo que viene el fin del mundo? ¿Puedes desarrollar un poco mejor esta idea?

–Sí, claro, mira, la explicación viene aquí, en mi querido diario, es mi objeto predilecto, ¿lo sabías? Bueno, te leo, que si no veo que… vas a perder la paciencia que en el fondo no tienes: Alejo me lo ha dicho claramente. Él lo ha intentado, pero los colonos no se fían de nuestras nucleares. Alejo les ha dicho que somos buena gente, diferentes, ancestrales, apasionados, pero buena gente; y a punto estuvo de convencerlos y de que no vieran en nosotros lo que también somos, un atajo de avariciosos sin escrúpulos. A pesar de nuestros arcaicos modos, los colonos se plantearon una relación de pacífica convivencia, compartiendo la plena abundancia que ellos proveerían gracias a la tecnología que traerían después de la invasión. Pero Alejo me contó que su pueblo abandonó esta idea cuando observó la actitud de nuestros Organizadores, los Faraones, que es como los llama Alejo. Los colonos pensaron que si los Faraones estaban dispuestos a llevar al planeta al colapso, guiados por su afán usurero, seguramente también estarían dispuestos a manipular el pensamiento de los terráqueos para que se opusieran a la invasión pacífica de los colonos, a presionar a los gobiernos contra los asentamientos y las nodrizas, instigándoles a usar la energía nuclear contra los colonos.

–¿Quiénes son los colonos?

–Espera, espera, que continúo: …la conclusión a la que llegaron los colonos es que ellos controlarán la tierra. La invasión, Valeria, es inminente. Y, cuando me dijo esto, Alejo respiró profundamente y añadió: Valeria, ¿quieres casarte conmigo?… ¡Guau! Me quiere, me quiere, está enamorado de mí, va a renunciar a su pueblo, a su gente, a todo, por mí… ¡Sí! ¡Sí! Y me colgué del cuello del ser más maravilloso de… de… del cosmos.

–Valeria, ¿puedes aclararme quiénes son esos colonos que nos van a invadir?

–¡Eliza! Hay veces que pareces tonta: Uno de los personajes más famosos de este planeta sin ser de él.