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–Hola, buenas tardes a todos. Soy el profesor Ross Geller y este es el primer día del curso que voy a impartir en esta universidad para vosotros, que vais a ser futuros periodistas en los mejores medios de comunicación del país, qué duda cabe, republicanos, como no podía ser de otra forma.

–JA, JA, JA.

–Bien. A la hora de conceptualizar el pensamiento de derechas, hay cierta tendencia a pensar que la gente que piensa como nosotros somos, cómo decirlo, intolerantes. Y nada más lejos de la realidad. Hay grandes intelectuales dentro de la derecha, y estos conocen perfectamente la obra de los intelectuales de izquierdas y, desgraciadamente para la sociedad, al revés no se puede decir lo mismo.

–JA, JA, JA.

–Bien. Y para dar buena cuenta de lo que estoy diciendo, voy a recomendar, para empezar el curso, este pequeño libro de apenas unas cien páginas donde este intelectual de izquierdas, que se llama George Lakoff, hace un análisis sobre la relación que existe entre lenguaje y pensamiento. La idea más importante de este libro es la siguiente: comprendemos la realidad, sobre todo aquellas realidades que son abstractas, a través de imágenes. Nadie sabe lo que es el amor, pero podemos hablar de él. ¿Por qué? Porque usamos imágenes para hablar del amor. El amor se puede entender como una guerra, y en torno a esta metáfora, se acuñan un buen núcleo de expresiones, de frases hechas (como, por ejemplo, en el amor y en la guerra todo vale), que nos permiten hablar del amor de una manera concreta, entendible y comunicable. Bien, ¿hasta aquí me seguís? ¿Alguna duda? ¿Alguien que no entienda lo que acabo de decir? (…) ¿No? ¿Nadie? Pues continúo. De acuerdo con esto, G. Lakoff insiste en que esta metáfora conceptualiza la realidad de una manera relativa; el amor no es una guerra, pero, al conceptualizarlo así, actuamos en consecuencia. Según este filósofo, el pensamiento de derechas ha creado una serie de conceptualizaciones que ha sabido inculcar a la gente desde pequeños y que se consolida a través del uso inconsciente de expresiones hechas que codifican esta visión del mundo. Por ejemplo, la conceptualización de los impuestos como una carga. Nadie puede negar el análisis tan certero del autor, su marco teórico, y por lo tanto, como somos gente con mente abierta a pesar de ser de derechas…

–JA, JA, JA.

–… vamos a pensar en cómo conceptualizaríamos, desde nuestra perspectiva, el libre intercambio de información en la red. Este es un tema tan nuevo que no hay tradición de pensamiento. Por tanto, nosotros, que siempre llegamos antes, vamos a construir metáforas, pensar en imágenes, para que la red se conceptualice como a nosotros nos interesa. Aquí lo que importa es quién construye la realidad primero. Veamos, repito la pregunta, ¿qué metáfora ya está circulando para criminalizar el libre intercambio de información en la red?

–Piratería.

–Estupendo. Toda persona que intercambie conocimiento en la red que no ha creado él mismo está cometiendo delito, es un pirata, que coge lo que no es suyo. Como los ingleses cuando, por orden de la reina, pirateaban los barcos de los españoles repletos de oro procedente de América del Sur. ¿Qué acabo de hacer? Pues con la imagen del pirata en nuestra mente se conceptualiza el libre intercambio de la red como un delito. Así funciona el juego. Una realidad por construir, luego un concepto, después una imagen y, finalmente, una expresión. Este es el método que debemos seguir a la hora de construir discursos y generar opinión en la gente. Cuando la izquierda tenga que hablar de impuestos, ya desde su raíz, lo conceptualizará como una carga, porque cada vez que diga carga impositiva, por ejemplo, se reforzará esta visión negativa de los impuestos. No podrá salir de las trampas del lenguaje. ¿Entendéis lo que quiero decir? Espero haber sido lo más claro posible en la explicación. Volvamos al tema de quién se enriquece con el intercambio de información en la red. Por favor, ¿alguien me puede decir quién se enriquece?

–La gente que lo usa.

–Efectivamente, ¿alguien más?

–Las grandes empresas.

–Muy bien. Bravo. Las grandes empresas de comunicación a las que la gente le paga por tener internet.

–Cada vez que alguien se descargue un producto cultural de la red, ¿quién debe pagar? ¿El usuario o la empresa que está ofreciendo el ancho de banda suficiente para que haya descargas?

–…

–¿No lo sabéis, verdad? Este es el conocimiento que denominamos subjetivo. Un conocimiento objetivo es la tierra es redonda. Antes no lo era, antes solo era una fórmula matemática, ahora es un hecho que todo el mundo puede ver, percibir, y sobre el que hay un vasto acuerdo, ya que es información que se percibe por el sentido de la vista. Pero, ¿hay verdades absolutas con respecto a los intereses?

–No.

–No. Efectivamente. Este conocimiento es relativo. Ya lo dice el refrán, lo que es pan para uno es veneno para otros. La persona que monta un negocio lo hace para ganar dinero. Quien quiera consumir cultura y conocimiento que lo pague. La población debe pagar el conocimiento que consume. No puede ser gratuito. ¿Por qué poner algo gratis si se puede ganar dinero a través de esa actividad? Así es cómo se monta un negocio, intentando mediar en una actividad a cambio de dinero. Las empresas que venden internet son el intermediario entre el usuario y su conocimiento, información o divertimento; si esta relación se eliminara no habría empresa, no habría dinero. Es por eso que a nosotros, que somos los que difundimos las noticias, que somos expertos del lenguaje, debemos crear metáforas y expresiones lingüísticas que hagan consolidar en la población la idea de que es ella quien debe pagar el conocimiento y que el conocimiento no es gratis. Ese es el negocio. ¿Sí? ¿Quieres decir algo?

–Sí, bueno, me gustaría añadir, en la línea de lo que usted está defendiendo, que, además, podemos crear metáforas en las que se haga entender a la gente que si no paga por los productos culturales ya no habrá cultura. En lugar de concebir la cultura como algo que cuanto más se difunde más se reproduce, como decía el poeta español Antonio Machado, podemos hacer pensar a la gente que la cultura es un bien limitado, como el agua, y que cuanto más se reparte, peor, porque se acaba. Podemos convertir en un delito la copia de ideas, diciendo que cuando tú copias una idea, la estás robando y no que la estás compartiendo. Copiar es robar, podemos decir.

–Brillante, ¿alguien quiere decir algo más?

–Sí. Yo creo que lo que hay que hacer es fundir el concepto de copia con el de autoría. Tú puedes usar algo de otro y, aun así, seguir reconociendo su autoría. Pero si decimos que cuando usas algo por lo que no has pagado estás robando y copiando, mientras que si pagas esa inspiración es legal, entonces conseguiremos que todo el mundo, religiosamente, pague cada vez que quiera acceder a la creación de una persona. La idea es que usar es robar y copiar, y esto atenta directamente contra el principio de autoría.

–Genial. Muy buenas aportaciones. No en vano estáis en una de las mejores y más caras universidades del mundo. Auguro que tanto durante el curso como en el futuro vamos a hacer un buen trabajo y que los medios de comunicación en los que colaboráis se verán beneficiados pronto de vuestra alta formación académica.