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–Ven, pasa, siéntate, Islanovska.

–Hola. Le pido disculpas, profesor Martin, no podía salir hasta que no solucionara algunas cosas sobre Eliza.

–Qué mujer más aplicada, responsable y bella.

–Gracias, profesor. Pero no se crea, si yo le contara que…

–Perdona, Islanovska, se acerca el director del TIM, debo saludarlo. Hombre, Mac Arthur, qué sorpresa, cómo tú por aquí, ¿no te has resignado todavía y quieres otra paliza como la del domingo?

–No cantes victoria tan pronto, el que ríe el último, siempre ríe mejor.

–¿Qué tal Margaret? Hola, Martin, ¿cómo estás? ¿Hace tiempo que no veo a tu mujer en el club?

–No, ahora está muy ocupada con los niños.

–Ya veo que tú también lo estás.

–Sí, estoy comiendo con mi becaria, soy su director de tesis y vamos a hablar de algunas cosas relacionadas con mi investigación, ya sabes, lo más interesante de mi trabajo es la formación a mis investigadores.

–Ya veo. Encantado, señorita. Las becarias del profesor se suelen caracterizar por ser bellos cerebros encerrados en bellas cabezas. ¿Su nombre?

–Sí, hola, me llamo Islanovska. Encantada.

–Un placer. Hasta luego, querido amigo. Nos vemos el domingo, no me falles.

–Allí estaré. Este es el director de TIM. Ya te lo había dicho, ¿no? Es un tío importante, compañero mío de la escuela, hace veinte años que nos conocemos. Hasta coincidimos en la universidad. Sus padres son ricos, y él ha hecho toda su vida lo que ha querido. Qué tío. Pero bueno, al tema, ¿cómo vas?

–Bien, ya estoy terminando algunas implementaciones relacionadas con la información de los últimos días.

–¿Han dicho algo interesante?

–¿En qué nivel?

–No sé, tú estás allí, qué cuentan, qué es lo que dicen.

–Bueno, Eliza debería mejorar algunos aspectos.

–Ya, bueno, no me gustaría que nos centráramos en Eliza, sino en los pacientes. ¿Tú piensas que dicen la verdad, Islanovska?

–¿Qué pregunta más rara me está usted haciendo? Por supuesto que no dicen la verdad, están locos, cada uno de ellos tiene un trastorno descrito, documentado en la sicopatología. Por eso quería comentarle algunas cosas. Quería hablarle de Noam Wittgenstein.

–Ah, sí, mira qué bien, porque yo también quería que hablásemos de ese tema. No me gusta que haya conflictos entre mi grupo de trabajo, no me gustaría que llevarais al terreno de lo laboral un caso tan claro de incompatibilidad de personalidades.

–Lo siento mucho, profesor, pero no pienso que sea una cuestión personal, sino laboral. No tenemos puntos de vista iguales sobre cómo afrontar esta situación. Su intervención el otro día fue muy negativa para la paciente. Queremos que Eliza cure, no que machaque aún más a sus pacientes.

–¿Sabes, Islanovska? Me gustaría que el mundo fuera tan claro y profundo como el verde de tus ojos, pero no es así. La investigación está muy mal en este país, vosotros, los investigadores sin plaza estáis condenados a vagar de un sitio a otro. No hay dinero para contratos. Yo te he ofrecido un buen cargo y te he garantizado siempre una continuidad, cogiendo dinero de aquí y de allá, pero tengo que estar seguro de ti. Tengo que saber que puedo confiar en ti, que me respondes, no puedo formar a la gente para que luego se vaya. Sería una pérdida de tiempo. ¿Por cierto, cómo vas con la tesis? Me gustaría leerme estas vacaciones algo de lo que has hecho en estos tres años. Has tenido que aprender muchas cosas en estas instalaciones.

–Bueno, los másteres que hice anteriormente me han ayudado a…

–Bueno, bueno, no nos salgamos del asunto. Mira, Islanovska, yo veo que tú tienes un gran potencial y he decidido apostar por ti. Noam Wittgenstein pidió que señalara a mi becario más destacado y yo te he escogido a ti por encima de todos. Me ha dicho que tenía que hacerle una propuesta muy interesante a aquel al que yo eligiera, con lo que debes reunirte con él para escuchar su oferta. Él es una persona con poder, te podrá ayudar a regularizar tu situación aquí definitivamente. Ya sabes que tu permiso de residencia está a punto de expirar.

–Perdone, pensaba que Noam Wittgenstein era un becario más.

–Mira, yo no suelo hablar de estas cosas, pero sé que sabrás ser discreta con esta información, además, te quiero como a mi niñita pequeña, sobre todo cuando te enfurruñas y pones esos labios… Nuestro proyecto forma parte de un proyecto mayor, en el que Wittgenstein tiene mucha mano. Si yo he tenido dinero para contratarte a ti, y a los demás, y daros una oportunidad ha sido gracias a él. ¿Ves? Aquí cada uno hace lo suyo, vosotros investigáis y yo hago relaciones, contactos. Me encanta mi trabajo.

–Yo pensaba que Eliza había sido una idea nuestra.

–Sí, pero luego hay otro tipo de condicionantes que son los que hacen que el proyecto sea posible. Él tiene el dinero, yo tengo la gente. Así funciona esto. Pero, ¿por qué pones esa cara? ¿Estás decepcionada?

–No debería ser así.

–Pero tarde o temprano tendrás que madurar; el mundo es así, salvaje, primero te tienes que salvar tú y, luego, de los tuyos, a tus preferidos. Eso es lo que yo he hecho. Ayudar a la gente como tú. Sería una injusticia que una mente tan brillante se fuera de este país. Concierta una cita con Wittgenstein. Te lo suplico.

–Está bien, iré, pero no es santo de mi devoción.

–Esa es mi chica. ¿Qué es lo que quieres cenar? Yo te invito y, después, te llevo a casa en coche, que luego será muy tarde ya, para que una mujer como tú ande sola por la calle.