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–Bienvenidos, al feliz mundo de los conejillos de indias. Primero de todo, agradezcámosle a Valeria que hayamos podido hoy reunirnos aquí en este entorno virtual en el búnker. Ya veo que todos habéis sido puntuales a la cita.

–¿Qué es esto? ¿Dónde estamos?

–Yo ya he estado aquí en sueños. Este es el lugar donde intentan sorbernos el cerebro. Qué hijoputas los delfines, míralos, qué bien se lo pasan, follando todo el día y riéndose de nosotros; porque que sepáis que estos bichos lo entienden todo. Y si no, ya me dirás tú cómo es posible que ayuden a los atuneros a pescar.

–Pero esto, ¿qué es?

–Esto, querida Alexia, es lo que se denomina formalmente el búnker, y esta es la sala de los delfines. Aquí es donde están los verdaderos científicos: la verdad de Un Mundo Feliz. Nos hemos reunido aquí hoy porque tengo que anunciaros que el día 13, viernes, será, según dictaminarán algunos, nuestro último día de vida.

–Ay, qué bien, por fin, por fin, ¿me puedes decir la hora, Miguel Ángel? Es que me tengo que poner la alarma del móvil. Espero que no sea muy temprano. Odio madrugar. Aunque si es para morirme, puedo hacer una excepción.

–No te preocupes, ya tendrás tiempo de dormir o morir. Y dime, Mac Cain, tú que eres experto en seguridad, ¿qué pasaría si te dijera que es por aquí por donde vamos a escapar?

–Ya te digo yo que es imposible. En este sistema de seguridad, lo de menos es lo de entrar, aquí lo imposible es salir una vez que estás dentro. Para que nos entendamos, esto es una ratonera. Además nos haría falta la palabra.

–Pero, ¿qué palabra? No me entero de nada.

–Yo la tengo.

–Y, además, necesitaríamos las combinaciones.

–Tu Lolita las tiene. Dame internet y cambiaré mi mundo. ¡Ja, ja!

–Ya estamos con las putas sub-citas. ¿Podemos ir al grano sin que la gente se ponga a citar para justificar sus acciones? ¿Cuál es la palabra?

–Oye, el tema del mal humor te lo podrías hacer mirar, guapa, porque yo no tengo por qué aguantarlo.

–Perdona, pero conmigo no te hagas la chunga que para malota yo, que vengo del infierno de la pobreza y he visto de todo.

–Valeria, cielo, si eres tan amable, dinos la palabra, por favor.

–Sí, atención, ahora la palabra está escrita en vuestro tercer ojo. ¿La ves, Alexia?

–Ignorando el retintín de tu entonación, ¿podrías decirnos qué hacemos con esto?

–Esta es la clave del ascensor que conduce al búnker y, a través del cual, se mueven los investigadores por el búnker. Yo vengo aquí por las noches. Es un laberinto, es mi juego preferido aquí en Un Mundo Feliz.

–Los ascensores me producen ansiedad, soy claustrofóbica. No puedo montar en ascensor.

–Los miedos solamente están en tu cabeza, Alexia, pero, no te preocupes, ya he pensado en eso.

–Anda, hija, que quien te quiera que te compre.

–Si no puedes con ellos, confúndelos, decía Oüke.

–Eso no es de Oüke, pero bueno. Al final, las autoridades se pierden en el tiempo.

–¿Qué es una autoridad? ¡Y sí que lo dijo mi amigo! Yo lo escuché perfectamente.

–¿Y si se lo soltamos todo a Eliza?

–¿Soltarle el qué?

–Qué buena idea, Mac Cain, eres todo un profesional.

–No. Es el amor que me ciega.

–Mac Cain, ¿estás por Eliza? Qué calladito te lo tenías, el otro día en el Maxim’s no soltaste ni prenda. Pues no entiendo qué ves en ella, la verdad.

–¿Es que tú todavía no conoces el secreto? ¿Dónde te dieron el nobel? ¿En una tómbola o qué?

–Ah, ya, comprendo, a ti lo que te pasa es que estás celosa, pero ya te he dicho que no tengo nada con Miguel Ángel, anda cómetelo con patatas, para ti solita, guapa, que te aproveche.

–¡Ay va, chaval! No te pongas en evidencia, por favor, Alexia, que eso pone cero. Que mi novio se llama Alejo, y que lo del otro día fue un malentendido.

–Qué bueno, tralla, tralla, ¿os vais a pegar por un tío? Cómo me pone, oye, Miguel Ángel, ¿y no podemos convocar aquí, en la no realidad, un ring con barro? Las peleas de mujeres en el barro me vuelven loco. Pero, luego, hacerlo como si os quisierais de verdad, ¿eh? Que, en el fondo, es lo que más nos gusta.

–Alexia, tus celos me halagan.

–Pero, ¿qué celos? Esta conversación es de locos, cada tonto aquí con su tema.

–Ay, ya sé, se me ha ocurrido una idea para confundirlos. Podemos contarle el cuento de Pedro y el lobo a Eliza.

–Hostias, qué buena idea, ¿seguro que no quieres ser gótica como yo? Siempre he querido tener una hermanita pequeña. Ay, qué guay, se me está ocurriendo que podemos ser los jinetes del Apocalipsis, que molan mazo.

–Pero si somos cinco. Oye, ¿a qué ha venido eso de que el premio Nobel me lo gané en una tómbola?

–Bueno, pues la segunda parte.

–Perfecto, las profecías siempre dan buen resultado.

–Yo me cojo la muerte.

–Yo me cojo el hambre.

–Yo me pido la segunda parte.

–Yo me cojo la peste y exijo que haya lugar para la libre interpretación.

–Está bien. Improvisar es bueno. Yo anunciaré el Apocalipsis.

–Bueno, Lolita, ¿cuál me cojo? La segunda parte de qué.

–Pues tú serás como un ejército de robots tó guay, como en Terminator.

–Bah, eso ya está muy visto.

–Bueno, siempre puedes adaptar la historia a tu rollo, Mac Cain. La Nobel lo va a hacer.

–Me llamo Alexia, Valeria, si no te importa. Lo de doctora no os lo exigiré porque no soy como muchos que andan por ahí. ¿Y ahora podemos volver a lo del secreto de Eliza si no es mucha molestia? ¿Alguien tendría esa amabilidad con mi persona?

–…

–Eoooooo, ¿se ha roto la conexión virtual? ¿Por qué de pronto os calláis todos? ¿Soy yo, sois vosotros, o es este maldito casco virtual que nos ha metido en el búnker este de los cojones?

–Perdónanos, Alexia, pensábamos que tú, por ser quién eres, te habrías dado cuenta.

–What? ¿Quién soy yo? Ah, perdón, que no sabía yo que dentro de la medalla del Nobel había un microchip con todos los secretillos estúpidos de todo el mundo. O sea que si de pronto Eliza se está cambiando de compresa y se encuentra una cucaracha resulta que debo saberlo.

–Eso es una leyenda urbana. Me encantaba contarla en el tuto.

–Perdona, pero MI Eliza no tiene problemas hormonales. No como vosotras.

–¿Que Eliza no tiene problemas hormonales? Eso es impo… Dios, dios, dios, pero qué tonta soy, soy la persona más tonta del mundo, cómo no me he podido dar cuenta. Claaaaro, pero si se llamaba Eliza, cómo no me he podido dar cuenta, tengo que llamar a Roger al Kalifornia’s Dreaming, ahora entiendo por qué… Pero, en la última sesión, la cosa cambió, por eso yo me confundí, dios, ¡están haciendo mago de Oz! Pero soy subnormal profunda, y yo contándole mi vida vete tú a saber quién estaría escuchando mis intimidades, se van a enterar, esto no puede quedar así. ¿Cómo me ha podido pasar esto a mí? ¿A MÍ?

–Nada más divino de la mujer, la fulgencia de sus ojos brillantes, sus encendidas bocas, la laxitud de sus formas magníficas, que nos las hace parecer adorables si no fuera porque les pierde su vanidad.

–¿Queréis parar ya con las putas citas? Me largo, tengo que irme, tengo mucho que pensar.

–¿No quieres antes probar un bombón? Siempre hay tiempo para pensar, para comer un bombón virtual, no. Es exquisito, pruébalo, SON de México, de tu tierra.

–Déjalo, Miguel Ángel, ha pasado de ti. Se ha ido.

–A esa lo que le hace falta es un buen polvo, ¿eh? Miguel Ángel, a ver si nos ponemos al temita y relajas a la muchacha, que está muy tensionada.

–Miguel Ángel, ¿qué diferencia hay entre el polvo normal y corriente y el polvo bueno?

–Mac Cain, eres un bestia, no hables así delante de Anicka.

–Valeria, nada hay más absurdo que ocultar, en vez de explicar, a los niños la forma de generar existencia y placer, eso proviene del pensamiento equivocado de que el sexo es algo sucio.

–Estos bombones están de muerte, Miguel Ángel, Alexia no sabe disfrutar de la vida.

–Ya ves… Oye, Miguel Ángel, la tía esa es muy pero que muy rara. Aquí, entre nosotros, yo creo que no le funciona muy bien la cabeza, ándate con ojito, que te lo dice Valeria Fratella, que ha visto mucho mundo.