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–¡Alejo! ¡Alejo! ¡No! ¡Como se te ocurra tirar el sujetador a la cascada, te enteras! ¡Alejo! Pero qué haces, chaval, no, las bragas, no. Si tiras mis bragas, te quemo tus calzoncillos… ¿electrónicos? A ver… qué pone aquí, qué difícil es leer tu lengua: Diseñados para intensificar el placer sexual. Alejo, espera un momento, hay alguien detrás de la cascada que nos está mirando.

[…]

–Alejo, mira ese pibe sentado en el borde de la piscina, qué gayumbos más feos, del año tres antes de Cristo, ay va chaval, flipa en colores, lo último que quedaba ya por ver, ese es de pueblo, fijo, de Ohio pa’bajo. Pero, míralo, pero, ¿no es el que nos estaba espiando el otro día con los prismáticos detrás de la cascada? Pedazo de viejo verde, tío, es que es impresionante, míralo cómo mira, es que no se corta un pelo, anda que disimula.

[…]

–Alejo, el viejo está entrando en el cine, tío, que viene, míralo, se va a sentar aquí, ¿qué te va?

–Perdone, señorita, ¿puedo?

–Shhhhhhh.

–¿Eso es un sí?

–Shhhhhhhh.

–Lo interpretaré como un sí. Ay que ver cómo sois las mujeres, ambiguas hasta el final.

–(Alejo, que este tío me acaba de poner la mano en la rodilla. Alejo, ¿quieres hacerme caso? Que va a llegar al sitio… Sí, sí, ya me levanto, mejor nos vamos.)

[…]

–¿Qué haces aquí? Este es el vestuario de chicas, no puedes estar aquí. Vete.

–¿Te pongo nerviosa? Yo solo quiero que seamos amigos. Y creo que tú también lo quieres. No paras de mirarme.

–Escucha, viejo, mi padre es de la mafia, cómo se te ocurra ponerme una sola de tus viejas y arrugadas manos encima, te juro que acabarás con la cabeza hundida en un bloque de cemento volando por el puente de Brooklyn.

–La cabeza no, en todo caso serán los pies, y esa técnica de tortura ya está pasada de moda. Muy imitada por cierto por las dictaduras sudamericanas a finales de los 70. Nosotros, como siempre, haciendo escuela. La mafia debería renovarse un poco. Tú, que eres tan moderna, sabrás que el polonio es más efectivo, aunque menos impactante sicológicamente, claro.

–Te crees muy chungo, ¿no? Pues a ver si te pones igual de chulito cuando mi novio escupa cada uno de tus átomos en una galaxia diferente; en este caso sí que uno podrá decir literalmente que no te reconocerá ni tu padre, ¿verdad?

–Si tan segura te sientes con tu novio, ¿por qué estás apretando la toalla contra tu cuerpo con todas tus fuerzas? Si yo tuviera una novia extraterrestre, como tú dices, no tendría miedo de que me fueran a violar, como tú ahora.

–¿Ah, sí? Pues mira, fuera toalla. ¿Te gusta lo que estás viendo? Es posible que haga mucho tiempo que no ves un cuerpo tan joven en una realidad no virtual, ¿o es que eres de esos cerdos que viajan a Tailandia para follarse a menores de edad por dos dólares?

–Escucha, niña, yo no pago, yo conquisto.

–Mucho mirar, y poco hacer, por lo que veo. Vamos, venga, ¿no eres tan hombre? Pues bájate los pañales y enséñame la colita. Vamos a ver si sirve para algo más que para mear muy a menudo y de forma interrumpida.

–Está bien, tú lo has querido. Te voy a enseñar algo que probablemente no hayas visto nunca en tu vida: la polla de un cyborg.

–¡Haaaaaalá, chaaaaaaval! Qué fuerte, tía, pero qué fuerte, tía, no me lo puedo creer. Pero esto es una cosa rarísima.

–Sabía que te iba a sorprender.

–Pero si parece de látex.

–¿La quieres tocar?

–Sí, pero solo por curiosidad. No te ofendas, pero tengo novio, ¿sabes?

–Sin ningún problema. No creo que pase nada. Todavía no la controlo bien, esa es mi desgracia.

–Por eso solo te gusta mirar.

–Sí. Miro y miro y miro, y pienso, pienso y pienso, imagino tantas cosas… pero mi cuerpo no me responde. No está programado para eso. No hay conexión entre una cosa y otra.

–Qué extraño, ¿no? Un cyborg salido pero impotente. ¿Es por eso que te han metido aquí?

–Correcto. ¿Y ahora podemos ser amigos?

–Claro. Y puedes mirarme siempre que quieras, y por mi novio no te preocupes, él lo comprenderá.

–Me quedo más tranquilo. Tengo que reconocer que la imagen de cada unos de mis átomos en una galaxia diferente ha logrado intimidarme un poco, ha sido un buen farol, hubieras sido una buena mafiosa o un buen soldado, también. Ya se pueden echar a temblar tus enemigos.

–Gracias, gracias, se hace lo que se puede.

–Te traigo un regalo. Toma. Pensé que debíamos empezar nuestra amistad con buen pie.

–¡¡¡Un micro PC y sensores virtuales!!! Qué pasada.

–Hay cuatro más. Anicka ha jugado muy bien al tú lo pierdes, yo lo encuentro y luego te lo devuelvo.

–¡Anicka!¡Conoces a Anicka! Oye dale las gracias y gracias a ti, también, claro. Y no me digas que no es…

–Su IPC no es rastreable, cortesía de la CIA. Puedes usarlo hasta para hablar con dios.

–Qué flipe, chaval. ¿Eres de la CIA?

–Lo fui. Pero la CIA está en todas partes. Bueno, es hora de irme. Ya nos veremos ahí. A tus órdenes, bambina.

–Sí, en la no realidad. Jajajajaja.

–Ciao.

–Buona serata, bello.

–EYYYYY, ¿cómo te llamas?

–Mac Cain.

–¡MAC CAAAAAAIN! NO ERA UN FAROL, MAC CAIN.