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–Me gustaría seguir hablando contigo un rato más.

–Bueno, bueno, lo de hablar es un decir, ¿no?

–No te entiendo, Alexia.

–Ya. No me entiendes o no me quieres entender. Esto no es una conversación. Tú no hablas. Tú preguntas, intervienes de vez en cuando. Pero hablar, hablas poco. Cuando quiero preguntarte algo, te escabulles. Y hoy tengo cosas importantes que preguntarte. Cosas de mujer. Eres sosona, pero eres mujer y psicóloga.

–Bueno, entonces, si es así, pregunta, y yo contesto.

–¡Unbelievable! I can’t, excuse me, but I can’t believe what is happening today. Sorry? Are you crazy? Tú eres el fucking doctor. Va contra el marco de tu terapia. Tú no hablas.

–Bueno, ¿cómo puedo complacerte entonces?

–No lo sé. Nada me da placer últimamente.

–El sexo y el chocolate dan placer a las mujeres.

–Como comprenderás, el sexo, aquí, en esta institución, muy irónicamente, casi de una forma sarcástica, rozando diría yo el sadomasoquismo, llamada Un Mundo Feliz, es imposible de conseguir. Como todo en esta vida. Todo es imposible. Soy un Don Quijote que quiere morir colgado de un molino de viento.

–Hay formas y formas de complacerse a uno mismo.

–Hay formas y formas de complacerse a uno mismo, tú te has educado en un colegio de curas, ¿no? Aquí en los EEUU, ¿esto de la educación y de los curas va igual de unido que en mi país? Supongo que sí. Ahora que lo pienso, lo de enseñar en las universidades que Darwin se equivocaba solo puede venir de ellos. Otra cosa igual. ¿Cómo es posible que la iglesia promulgue que los preservativos no evitan el sida y que el Papa no esté en la cárcel por delito contra la sanidad pública? Es indignante. Te lo digo de verdad. Es para pegarse un tiro y no volver a escuchar algo que es falso como si fuera verdadero. No puedo con tanta injusticia. Las religiones se ceban con la ignorancia de la gente. Y la ciencia, mientras, con sus investigadores de chaqueta de lana y tres comidas al día. A la misma hora, y sin salir de los límites de la universidad. Los tienen recluidos. En fin. Oye, hablar contigo me pone peor. Me indigna, yo lo que quiero es no pensar. Cuánto más pienso, más me deprimo. Solo cuando fumo marihuana me da por imaginar cosas bellas e imposibles.

–¿Por dónde íbamos, Alexia?

–Íbamos en que yo me estaba burlando de ti, te estaba vacilando, como siempre. Porque me repatea la gente como tú, que habla, se expresa como tú, como los pijos. No te soporto. Con tus indirecciones, tus eufemismos, tus cuchufletas. Venga, por favor, que estamos en el siglo XXI, por qué no preguntas abiertamente: Alexia, ¿te masturbas?

–Está bien. Lo que tú digas. Yo te he hecho una pregunta. Y sabes que debes responder para cumplir con la terapia.

–Cumplir con la terapia. ¿Sabes? A mí una de las cosas que más me llaman la atención, y sobre las que pienso que todavía, a pesar de haber bibliografía al respecto, no se ha hecho mucho hincapié, es el hecho de que el clítoris esté fuera del órgano genital y no dentro. La verdad es que, desde un punto de vista evolutivo, es lo más absurdo que he visto yo jamás. Si el clítoris estuviera dentro, las mujeres desearían ser penetradas con más fuerza de lo que lo desean ahora, y, entonces, la especie se hubiera reproducido a más velocidad o en mejores condiciones que de esta otra manera, que es la que ha llegado finalmente a nuestros días. No sé. Esto es un misterio muy extraño. ¿Por qué triunfa esa solución por encima de otra? ¿Cuál es su funcionalidad? Hombre, es cierto que el punto G está dentro, peroooo, no sé, no me parece razón suficiente para que la hembra decida que necesita que esa cavidad sea ocupada por un elemento externo. ¿Cuál es el origen de la penetración? ¿Usted lo sabe? Y perdone que le trate de usted.

–Usted me pide perdón por tratarme de usted y me pregunta que si sé cuál es el origen de la penetración. Mejor, volvamos a la pregunta de antes, ¿cuándo fue la última vez que tuvo relaciones sexuales?

–De eso es de lo que yo le quería hablar. ¿Sabes? Uno de los locos de aquí tiene buena pinta. Buena fachada. ¿Me entiende? Pero no se… No lo conozco suficiente, ese hombre podría resultar un psicópata y yo encontrarme en un terrible peligro.

–¿Te encuentras en un terrible peligro?

–Pues no le/te acabo de decir que no lo sé. Mire, mira, la realidad es muy rara, nada es lo que parece. El hombre piensa que la apresa con el lenguaje y con las matemáticas; con el lenguaje, el hombre encajona la realidad, la estabiliza, la vuelve manipulable, y con las matemáticas intenta que sea predecible. Pero aquí todavía hay muchos misterios por resolver. Por ejemplo, ¿por qué este hombre parece saber siempre lo que voy a decir o hacer? Sueño que él hace el amor conmigo y que después me mata, me envenena. Sin embargo, no puedo dejar de confiar en él. Todas las noches tengo este sueño. Recursivo. Siempre igual. Usted, que es psiquiatra, ¿puede decirme qué significado tiene? ¿Alguna sugerencia del doctor Freud al respecto?