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—Bueno, Valeria, volviendo al tema de conversación que dejamos pendiente en la anterior sesión, donde decías que el hombre viene de Marte. ¿Es tu novio de Marte? ¿Por qué no explicas un poco más tu afirmación?

—¡Que noooo, Eliza!¿Qué estás diciendo? Mi novio viene del otro extremo de la galaxia. Cuando viene, da saltitos espacio-cuánticos con su nave, que es la única forma de llegar, si no hubiera tardadoo… ¡puaf! Ni se sabe. ¡Miles de años! ¡Qué digo miles, millones! Tía, es que no te enteras de nada, me pones un poquito nerviosa, la verdad. En fin, te lo cuento si me prometes que no vas a decir nada de que mi novio viene a visitarme. —No te preocupes, Valeria, tus secretos están a salvo conmigo, como ya te dije. De todas formas, solo puedes tener visitas si son autorizadas, Valeria. —Que te crees tú eso; si mi novio dice que viene, viene. Para que lo sepas, no es la primera vez que viene, y vosotros ni os pasmáis. Normalmente entra por la ventana, como Romeo. Es que es un gótico muy romántico. —¿Por la ventana? —Sí, ¿y qué? Un UFO en el centro de Manhattan y ni os coscáis. Es que mi novio tiene unas virguerías tecno que ¡bah! No sé ni para qué te lo cuento, total, no me vas a creer… —No estoy segura de si un extraterrestre puede entrar por una ventana. —Y tú, Eliza, ¿dónde está tu marciano? Ay, perdona, pero es que él nos llama siempre así, porque como ya te he dicho antes, dice que es, en realidad, de este planeta de dónde venimos, por tanto, todos somos marcianos, ¿capito? —Tú estás diciendo que el hombre viene de Marte, ¿verdad? —¿Tú también tas quedao flipá? Yo cuando me lo dijo… ¡Qué pasada, chaval! Mi novio sabe mazo de historia; a mí, en cambio, me molan los números. Yo paso de empollar, los números se me dan bien, por eso lo entendí tan bien cuando me lo explicó. Física, tía, es todo física. ¿Capisci? —Todo es física. —Efectivamente, si todo pudo hacerse, fue gracias a la gravedad. Te cuento: resulta que a Marte se le iba la atmósfera, que en ese tiempo era tope guay de bonita; y, en cambio, la tierra no tenía atmósfera. La tierra era una mierda y no tenía luna. ¿Te lo puedes creer? La tierra no tenía luna, alucinannnte, ¿verdad? —La Luna es muy importante para la tierra. —Pero, ¿estás o qué? Si no fuera por la luna, la tierra iría a su bola. No habría ni verano, ni otoño, ni estaciones. Con lo que me gusta a mí el otoño, en cambio, la primavera la odio. —¿Porqué odias la primavera? —Pero, ¿qué más da eso ahora, joder! Que no estás a lo que estás. ¿Qué pasa? ¿No te mola aprender? Escucha, Eliza. El caso es que nosotros, los de Marte, en la antigüedad éramos muy listos y teníamos Internet y naves espaciales. Agobiados por el movidón que suponía quedarse sin atmósfera, nos dedicamos a coger rocas del cinturón de asteroides y a hacer que, por la gravedad, se fueran juntando ellas solitas, fundiéndose. Así fue cómo la luna se hizo sola. Este proceso recibe el nombre, según Alejo, de tecnología de fusión gravitatoria. Chulo, ¿eh? —Sí, continúa, por favor, Valeria. ­—Pues el caso es que solo era cuestión de tiempo y nosotros lo teníamos, pero, como siempre, los humanos la jodimos, aunque Alejo dice que, a día de hoy, no se sabe qué fue lo que falló, pero que se lió el pifostio total ya te lo digo yo. Resultado: cuando la tierra estaba bonita y brillante, ya no había marcianos que pudieran venir, salvo los que ya estaban de misión aquí y unos cuantos espabilaos que se piraron antes de que fuera demasiado tarde. —… —¿Por qué te callas? ¿Ves? No te lo crees. ¿Te crees que sabes más que mi novio? Para que te enteres, mi novio dice que los marcianos serían colonos, que por aquí, no se dan planetas de humanos, que los planetas de humanos están muy lejos, como el de él. —Los humanos solo tienen el planeta tierra. La humanidad ha ido evolucionando desde la Edad de Piedra hasta ahora. Esta evolución ha sido básicamente de naturaleza tecnológica. —Que no te enteras, contreras… Que, al venir aquí, nos quedamos sin nuestros cacharritos, sin nuestras virguerías. En bragas. A ver, cuéntamelo todo, tú que te las das de lista, ¿qué harías tú en Tanzania si tu 4X4 se ta quedao sin gasofa y tu portátil sin batería? Ya puedes ser tó lo lista que quieras que te convirtes sí o sí en un animal más en la selva. Como les pasó a los colonos. —El hombre viene del mono, según Darwin. —No. El eslabón está perdido porque a nadie se le ocurrió buscarlo en otra parte que no fuera la tierra. Los Neanderthales eran los verdaderos terrícolas. Y si Darwin manda con su ley del más fuerte, y nuestro coco era el más fuerte… —¿Coco significa cerebro? —¿Acabo o me vas a seguir cortando? El caso es que el tío este, el ingeniero jefe del proyecto, firmó su obra, y ahora sí que vas a flipar, ¿sabes por qué vemos el Sol y la Luna del mismo tamaño desde la tierra? ¿Sabes por qué vemos la corona real del sol cuando hay eclipse total? Pues porque el sol está cuatrocientas veces más lejos que la luna y es cuatrocientas veces más grande, si no no habría manera de verla. ¡Exactamente! ¡Cuatrocientas y cuatrocientas! ¿No lo entiendes? Es artificial. Es de mentira. —En efecto, el sol está cuatrocientas veces más lejos que la luna y es cuatrocientas veces más grande, pero la luna no es de mentira, la luna es de verdad, es real. —Pero qué cerradita eres, Eliza. Tienes la cabeza más dura que un arao. Me recuerdas a Malone. Mira, tronca, esta es la última vez que pierdo el tiempo contigo, que sepas que mi novio me dijo que, si la gente no me creía, que entonces les dijera que el ingeniero jefe del proyecto Atlantierra se llamaba Ra, que en marciano quiere decir Corona Real, y que utilizó esta proporción para firmar su obra. ¿A que acojona? Huy, pero qué tarde se me ha hecho, me voy, me voy, que tengo una cita, adiós Eliza. — Puedes marcharte, Valeria.