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La evaluación de los fenómenos psi se ha realizado a través de cuatro pruebas, una para cada uno de los fenómenos para evaluar. Dichos fenómenos son: clarividencia, telepatía, precognición y telequinesia. A continuación, explicaremos los experimentos que diseñamos para cada actividad y los resultados de los pacientes.

El primer experimento evalúa la clarividencia, esto es, la capacidad para conocer información que está ocurriendo en ese mismo instante en otra parte (como, por ejemplo, un incendio) sin ninguna posibilidad de que el sujeto experimentante pueda percibir esta información por los sentidos, ya que no hay ninguna señal de ello. Para evaluar esta facultad, hemos diseñado el siguiente experimento. El científico y el experimentante se colocan en dos habitaciones diferentes separadas a un kilómetro. El científico saca una carta y pulsa un interruptor. En la otra habitación, se enciende una luz. Cuando esto ocurra, el experimentante tiene que decir qué carta ha sacado el científico. Según la estadística, se puede medir matemáticamente el tanto por ciento de acierto por azar. Cuando el tanto por ciento de acierto del paciente supere esta cifra, podemos empezar a hablar de clarividencia. Miguel Ángel, Anicka, Valeria y Mac Cain han dado, en conjunto, entre un 95% y 100% de acierto en sus respuestas. Alexia se inscribe dentro del tanto por ciento adscrito al acierto por azar. Se puede afirmar claramente que Miguel Ángel, Anicka, Valeria y Mac Cain tienen clarividencia.

El segundo experimento evalúa la facultad de la telepatía. La cual se define como la capacidad para comunicarse con el pensamiento sin que exista ningún tipo de codificación lingüística o corporal de dicho pensamiento. El experimento consiste en sentar en una mesa, uno en frente del otro, al científico y al experimentante. El científico seleccionará cuatro cartas de una baraja y mirará una de ellas. El experimentante tiene que adivinar, de las cuatro cartas seleccionadas, cuál es aquella en la que está pensando el científico. Tenían telepatía Mac Cain, Miguel Ángel, Valeria y Anicka con un 90% de acierto. Algunas de las pruebas han sido repetidas hasta un número de diez veces. Respecto a Alexia, la paciente dio resultados inferiores al acierto por azar.

El tercer experimento evalúa la facultad de la precognición. Se entiende por precognición el conocimiento de una información que todavía no ha pasado. Así por ejemplo, entran dentro de las experiencias populares de precognición soñar con el entierro de una persona que va a ocurrir al día siguiente o con la muerte de un familiar antes de que ocurra. Para evaluar la precognición, se usó el escenario del experimento tres. Solo que ahora el experimentante tenía que decir qué carta iba a sacar el científico. Tienen precognición con un cien por cien de acierto Mac Cain, Valeria, Anicka y Miguel Ángel. Todas las respuestas de Alexia fueron erróneas.

Por último, el cuarto experimento evalúa la facultad de la psicoquinesia. La capacidad para mover objetos con la energía generada por la mente. En este caso, el científico ponía un lápiz de pie, y el sujeto experimentante tenía que tirarlo al suelo con su pensamiento al menos tres veces. Tenían telequinesia Mac Cain, Valeria, Jesucristo y Anicka. Alexia no pudo mover en ningún momento el lápiz.

A continuación, adjuntamos al informe las transcripciones de lo que nos han parecido los momentos más relevantes con los pacientes durante los experimentos; en ellos, se podrá ver su actitud ante las pruebas y la reacción que tuvieron al conocer sus resultados. El lector deberá juzgar por sí mismo el grado de verdad que le confieren a las explicaciones que dan los pacientes cuando estos intentan explicar por qué han acertado. De nuevo, esta explicación está dentro del marco de los delirios que cada uno tiene.

Anexo I: TRANSCRIPCIÓN DE CONVERSACIONES CON LOS PACIENTES

Alexia, todos podemos ser cisnes negros.

—Veamos, Alexia, ahora voy a sacar todas las cartas de esta baraja, una por una, y tú me tienes que decir qué carta estoy mirando.

—¿Y?

—¿Y? ¿Cómo que y?

—Quiero decir que no pensará usted demostrar científicamente la telepatía con este experimento. Me estás vacilando, ¿no? Imagina, por un casual, que acierto por azar el 100% de las respuestas, ¿dirás también que tengo telepatía? ¿Cómo puedes afirmar que el hecho de acertar cien por cien implica telepatía? Puede implicar azar, también. Estos experimentos no demuestran nada científicamente.

—Alexia, le insisto por enésima vez que usted está aquí en calidad de paciente, y le suplico que se atenga a las normas imperantes, lo acepte y se comporte como tal.

—Las normas. Siempre las normas. Está bien, vamos a jugar a estos experimentos. Usted sabe que hay estudios estadísticos sobre las cartas que se suelen quedar en el centro de la baraja, ¿verdad? ¿Sí? ¿No? ¿No sabe? ¿No contesta? Está bien, continúo. Yo no puedo saber la carta que usted va a sacar, pero sí puedo calcular qué carta es más probable que salga. Por ejemplo, usted ahora va a sacar una carta del centro de la baraja, sáquela y le diré la probabilidad de que saliera esa carta.

—As de picas.

—1%.

—Cuatro de corazones.

—1%.

—Tres de diamantes.

—1%.

—¿Ve? Usted es un cisne negro sacando cartas de la baraja.

Miguel Ángel: una sencilla explicación

—¿Cómo explicaría usted el hecho de que haya adivinado todas las respuestas?

—Me divierten estos experimentos que diseñáis para demostrar científicamente el poder de la mente. Lo que vosotros, en vuestra jerga, llamáis fenómenos psi son, en realidad, rayos de un mismo sol: la mente puede trascender el tiempo y el espacio; puesto que la información viaja a nivel cuántico, la mente funciona también cuánticamente. Preguntádselo a Alexia, ella ya lo ha dicho. Solo con estas verdades podréis descubrir las leyes de la psique del ser humano.

—En el experimento cuatro, usted dibujó las respuestas en la piel de nuestro científico con crema de chocolate. Esto se llama en nuestra disciplina un caso de escritura telepática.

—Una pequeña novatada. Mis disculpas si he ofendido.

—¿Cómo sabía usted las respuestas? ¿Qué explicación puede dar?

—El tiempo no existe, es una invención del ser humano. Lo que está antes está después, y lo que está después está antes. No hay flecha del tiempo. El efecto está antes que la causa. El tiempo y el espacio son una misma cosa.

—Muchas gracias, Miguel Ángel, ya se puede usted ir.

Anicka: la luz me estorba

—Querida Anicka, ¿cómo es posible que hayas adivinado todas las respuestas cuando estaba la luz apagada y ninguna con la luz encendida? ¿Qué es lo que tu mente hacía durante el segundo en que la luz ha estado apagada?

—Lo siento. He hecho trampas. Cuando la luz se apagaba, yo me levantaba, miraba la carta y, cuando se encendía, ya estaba sentada de vuelta. Aun así, aunque haya adivinado realmente estas cartas, en ocasiones, sí que he adivinado cosas. Una vez teníamos que coger un tren hacia Johannesburgo y, por la noche, soñé que el tren se estropeaba y que la gente lloraba mucho. Por la mañana, le conté a la mammi el sueño, y ella, que cree en espíritus, les prohibió a mis padres coger el tren. Por la noche, nos enteramos por la televisión del accidente. Pero no me pasa a menudo. Solo a veces.

—Gracias, Anicka por contarme tu historia, eres una niña preciosa.

Valeria: pero, ¿es que no lo ves?

—¿Cómo explicarías el hecho de que hayas tenido un 98,5% de acierto?

—Debería haber tenido un 100%, pero mi novio me dijo mal la última respuesta para fastidiarme.

—Valeria, aquí tenemos un vídeo de cuando realizamos la prueba. No hay nadie, solo nosotros dos.

—Pero, míralo, está ahí, solo que… mi novio es extraterrestre, no sé si se lo he dicho ya en alguna ocasión, ¿ok? Ya ves, una que es muy guay. El caso es que tiene una tecnología que mola mazo, y entre sus virguerías, a veces lleva puesto como un mono que te hace ser invisible. Aunque mi novio dice que vosotros ya conocéis esta tecnología y que por aquí hay como ordenadores diminutos con cámaras volando por el aire y siguiéndonos a todos a todas partes. Que las cámaras están forradas con una materia que cambia como la piel de los camaleones en cuestión de milisegundos, cogiendo los colores, los fotones del ambiente y fundiéndose con él, mimetizándose. Dice que, para verlos, tenemos que poner la vista como la ponemos cuando queremos ver un dibujo en 3-D. Es por eso que me quedo a veces como boba mirando la realidad, pero yo todavía no los he conseguido ver.

—¿Mantienes entonces que en esta habitación está tu novio que es un extraterrestre a pesar de que nadie más lo vea?

—No lo veis porque tampoco ponéis la vista como en 3D, si no, lo veríais. Miguel Ángel siempre dice el que cree poder puede. Así fue cómo el chamán consiguió ver las naves de Colón cuando se acercaban a la orilla, según me contó Miguel Ángel una vez.

—¿Y con el lápiz? ¿Fue él quien lo movía?

—No, no lo movió, sopló. Jajajaja. Perdón, pero es que no me puedo aguantar la risa. No lo puedo evitar. Tengo el pavo muy subido.

—Muchas gracias, Valeria, ya te puedes ir.

Mac Cain, un sueño premonitorio

—¿Usted sabía que aquí hay una premio Nobel? Me enteré el otro día porque alguien, en el vestíbulo, me lo dijo. Y yo pregunté por el nombre y me fui a la biblioteca a buscar un libro de ella. Allí leí un libro suyo sobre el sueño, y, en este libro, he encontrado cuál es la diferencia entre vosotros y yo, que soy un cyborg. Cuando vosotros soñáis, los sentidos se inhiben. A veces, una banda de música no es capaz de despertaros. Si no hay sentidos, el cerebro anda libre, no está implicado en trasladar la información de los sentidos a su mente, por lo que la mente está procesando la información a su antojo. Según esta mujer que escribe el libro, no dormimos porque el cuerpo lo necesite, sino porque el cerebro necesita dormir. Es durante el sueño que el cerebro conjura la realidad, haciendo pattern matching; todas las conexiones están ahí pero coge solo las que necesita para implantar la realidad. Cuando dormís, el cerebro está en un estado de consciencia que podríamos llamar etéreo cuántico, según Alexia no sé qué. Del apellido no me acuerdo, porque es muy raro. En cambio, mi cerebro no necesita desconectar el cuerpo cuando duerme, esta es la diferencia entre vosotros y yo.

—Señor Mac Cain, por favor, vamos a ver si podemos hacer las pruebas. Además, esto ya me lo ha explicado más de una vez. Dígame, tengo cuatro cartas en mi mano, ¿puede usted decir cuáles son?

—Pues eso es lo que le trataba de decir, que la única manera de saberlo es durmiéndome. Por eso me he quedado traspuesto. Pero usted no se ha dado cuenta, porque yo cuando duermo no tengo que inhibir los movimientos del cuerpo. Mientras estaba hablando, yo estaba durmiendo y usted ni se ha dado ni cuenta. Sería muy difícil que un tigre me comiera mientras duermo.

—Está bien. Vamos a ver. ¿En qué cartas estoy pensando?

—¿Pues no le estoy diciendo? Me he quedado dormido y he soñado que acertaba dos y fallaba dos. Así que, como he pensado en dos corazones y dos margaritas y, puesto que el sueño me dice que he acertado los corazones, diré entonces dos rombos. A ver sí así, a diferencia del sueño acierto.

—No. Ha fallado dos y ha acertado dos. Ha acertado los dos corazones, pero ha fallado las otras dos.

—¿Y cuáles eran las otras dos, si puede saberse?

—Dos margaritas.

—Joder, eso ha sido un sueño premonitorio en toda regla. He soñado solo con un trozo de lo que iba a pasar, no con la historia entera. Impresionante. Hay que joderse. ¿No le parece?

—Pasemos a la siguiente prueba, si le parece bien.