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—Señor Mac Cain, muy buenos días. ¿Qué tal ha dormido?

—Muy bien, gracias.

—Muy bien, señor Mac Cain, espero que no le importe que vayamos al grano en la prueba.

—Como usted quiera, doctor Holtz.

—Bien. ¿Le han hipnotizado alguna vez?

—Me han drogado muchas veces: LSD, suero de la verdad, etc. Pero nunca me han hipnotizado.

—¿Es usted consciente de que si usted no quiere no puede ser hipnotizado?

—No lo sabía.

—Bueno, pues en eso consiste la práctica científica de la hipnosis, lo demás es espectáculo, señor Mac Cain. Déjeme que le explique el sentido de la prueba, para que así comprenda la importancia de que colabore. Según lo que sabemos hasta ahora del cerebro, solo accedemos a un tipo de información durante el día. El resto está en lo que podríamos llamar el trastero. Allí donde metemos todo lo que en el corto plazo no vamos a necesitar. Pero, en ese cuarto oscuro, hay muchas más cosas, no solo lo que no necesitamos. También se encuentran experiencias conectadas a las del presente, pero cuya relación no podemos ver.

—Ya, entieeeendo. ¿Y?

—Pues que la finalidad de la prueba es llegar al origen de su problema con el sexo, señor Mac Cain.

—Usted lo que me está pidiendo es que yo comparta información. Yo soy un caso más complicado de lo que aquí se piensa. Debería comprender que yo accedo a todas y cada una de las regiones de mi cerebro siempre y cuando mi consciencia lo decida. Ahora no soy consciente de que estoy haciendo la digestión energética, pero podría serlo. Si no lo hago, no es porque no pueda, sino porque es un gasto inútil de energía. No le presto mucha atención a mi digestión salvo cuando hay algún problema que debo reparar. Tengo un cuerpo más resistente que el vuestro, casi eterno, pero casi.

—Bueno, pero eso es lo que usted piensa. Vamos a ver si podemos descubrir algo más.

—Usted podrá hacer lo que quiera. Si quiere que me autohipnotice, como usted dice, yo lo hago sin ningún problema. Le repito que soy consciente de mis propios sueños, no sueño como vosotros. Por tanto, en realidad, me está pidiendo que le dé información que yo ya sé.

—Eso es imposible y usted lo sabe. Por favor, debería colaborar.

—Estupendo. Muy bien. Colaboro. ¿Qué tengo que hacer? Si quiere que le informe, le informo; espere que me relaje, no hace falta que cuente como en la tele, yo le aviso.

—¿Me permite que le ponga esto en el cerebro para comprobar sus ondas? Es la única manera que tengo de saber que está en ese estado y que no está mintiendo.

—Lo entiendo. Pero, sin ser masoca, el suero de la verdad es mucho más efectivo para saber esas cosas.

—Señor Mac Cain, esta es una institución respetable, no se permiten esas prácticas. Bien, esto ya está conectado. Cuando quiera, se relaja y vamos viendo.

—Bien, ya estoy.

—Efectivamente, su cerebro está generando las ondas apropiadas para la hipnosis. Quiero que vaya al momento en que usted perdió la virginidad.

—Con mi prima. Mi gran amor. Follábamos durante días. No nos cansábamos nunca. Menuda yegüita, si yo le contara ahora lo que le estoy haciendo…

—Vayamos un poco más adelante.

—Follando también. Yo me he pasado toda la vida follando.

—¿Y después?

—Ahora estoy en el hospital. Doce días después de la operación. Me toco y me doy cuenta de que no tengo pene.

—Pero usted sí que tiene pene. Tóqueselo ahora. ¿Qué siente?

—No siento nada. Tengo una depresión de caballo.

—Siga adelante. Vaya al día en que sale del hospital, ¿qué siente?

—Siento que tengo 40 años y estoy muerto para siempre, con un cuerpo casi inmortal, pero con un pene de plástico.Tendría que haber matado a aquella doctora, pero fallé. No voy a poder follar nunca más en la vida. Estoy muerto en vida. Me quiero morir.

—¿No buscas otras soluciones?

—Me paso la vida en el Kalifornia’s Dreaming. Viendo a las chicas bailar. Pero no puedo hacer nada. No sirvo ni para lo virtual.

—Está bien. Señor Mac Cain, ya puede volver cuando quiera.

—Lo que le he contado es estrictamente personal. Esta sesión me ha dejado muy deprimido.

—Lo entiendo, señor Mac Cain, no se preocupe.

—Está bien. Me voy.

—Ánimo, que pase un buen día. Haga algo que le produzca placer, ponen un buen solomillo en Maxim’s, a la pimienta, está de muerte. Se lo recomiendo.

—Gracias, doctor, pero sólo como para no levantar sospechas.