I
Eres un esclavo que aún no ha caído en la cuenta de que estás condenado a trabajar toda tu vida, sin quejarte, para sobrevivir. En el momento en que tienes descendencia y te compras un piso mediante una hipoteca, el proceso se completa y te conviertes en un esclavo de pleno derecho.
Al igual que un ratón corre y corre en una rueda hasta la tumba, tú circulas por los centros comerciales, accediendo a objetos materiales que te hacen pensar que ya has ascendido a la clase social de las profesiones liberales, esto es, aquellas personas que trabajan en lo que le gusta, y a las que el sistema respeta. En pocas palabras, te has pensado a ti mismo como burguesía.
El último paso que culmina tu enajenación mental es votar a aquellos partidos que te condenan a trabajar hasta los 72 años. Ellos te dirán que tú y ellos sois como dos gotas de agua. Aunque le limpies la casa; aunque ellos puedan irse de vaciones y tú no; aunque les pagues el alquiler con el sudor de la frente mientras ellos viven de las rentas. Sois iguales. La misma sangre, y el mismo amor a España, por eso votáis lo mismo. Que haya una diferencia mínima de un millón de euros entre tú y él… pelillos a la mar y tan amiguis como siempre.
II
Nada molesta más a une obrere alienado y explotado que otre obrere que no lo está.