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Aldea de la Amazonia, cerca del río Orinoco, Venezuela, tras la cumbre de religiones en la India.

Alexia acaba de salir de la tienda del chamán para vomitar. El peyote le ha sentado peor que mal, y piensa, por enésima vez en su vida, que se va a morir. El chamán de la aldea le ha dicho que la mujer naranja la está esperando para hablar con ella, pero que si quiere verla y oírla, Alexia debe entrar en la otra dimensión, que es donde la mujer naranja habita.

Después de echar casi el corazón por la boca, muy cansada y deprimida, vuelve a la tienda. Allí, Erin y el chamán la esperan junto con una mujer de piel naranja, cabellos rojos ondulados hasta la cintura, de una belleza suprema, desnuda, que está flotando en el aire. Alexia cree que está alucinando y solo puede decir:

—Hola, creo que hay una mujer allí, flotando. Esto me está haciendo todo el efecto.

—¿Crees? Ha venido a visitarnos.

—Te estaba esperando. No me queda mucho tiempo, dentro de poco voy a morir, por eso te he mandado a llamar, debo pedirte algo, pero, antes, dime, Alexia, ¿hasta dónde estás dispuesta a llegar?

—Llegaré hasta lo más hondo si es necesario para alumbrar un mundo mejor.

—El que quiera saber la verdad, no llegará a ella hasta que la verdad no llegue a él. Alexia, debes saber que el mundo cubrirá todas las necesidades. Yo lo he visto y tú ahora verás por qué.

La mujer naranja se acerca a ella deslizándose grácilmente por el aire y toca su tercer ojo con un dedo índice un poco más largo de lo normal. Alexia cae en una piscina llena de guirnaldas de colores, y ve que estas son patrones especulares de su pensamiento; no tarda mucho tiempo en percatarse de que ha penetrado en el universo de la información en estado puro, de donde emana toda forma de materia y energía, y donde, comienza a diferenciar un patrón que se repite por todas partes.

Tratando de describir lo que está viendo, Alexia dice:

—Todo se estaba volviendo rojo y tenía esta forma —dice dibujando en el suelo.

—Eso es el amor que emana de ti y también es el motor del mundo que deseas, porque amor es lo único que os espera. Y, ahora, debes escucharme, Alexia. Hay un niño que se acaba de quedar sin padre y al que tú deberás proteger si es necesario con tu propia vida, porque ese niño es mi hijo y, si muere, ni tú ni yo podremos nacer. Antes de partir, necesito tu palabra de que irás a buscarlo y cuidarás de él como si fuera tuyo.

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