ESTAMOS AQUEJADOS de un incurable culto al presente. Lo devoramos insaciablemente en nuestro deseo de inmediatez 8.
Forjamos el futuro que va a ocurrir inmediatamente, como si al tirar un rompecabezas al aire, este se formara mágicamente al caer en el suelo. Luego, forjamos el pasado, dotando a este rompecabezas de una incuestionable y solemne solidez.
Por eso, cuando hablamos de los viajes en el tiempo, siempre lo hacemos partiendo de este momento presente.
Para saber si hemos viajado por el tiempo, solo basta con buscar esas huellas en nuestro pasado.
Para demostrar mi teoría, como historiadora que soy, me dediqué plenamente a la investigación.
Me acogí a las tendencias historiográficas actuales y busqué cualquier apunte o dato que me diera algún indicio de que mi teoría era correcta, de que iba por buen camino.
Estudié archivos, planos, fotografías e incluso pinturas, buscando algún elemento que delatara la presencia de los visitantes del futuro.
Me obsesioné tanto que intentaba prever qué acontecimientos importantes se desarrollarían en un futuro próximo donde ellos pudieran estar presentes. Mantenía la esperanza de que, asistiendo yo también al futuro evento, pudiera contactar con ellos.
Pero nada de esto ocurrió. Y fue el pasado, el pasado fue quien me dio la clave.
Miraba sin mucha esperanza ya de encontrar nada, con la mente distraída un libro de arte. Al llegar al Cristo de un solo clavo de Carlos Márquez, me fijé en sus manos, colocadas de una manera anatómicamente imposible unidas por un solo clavo. Muy tontamente, se me pasó por la cabeza que quizás las manos fueran de distintos dueños.
Y entonces lo vi. Las lágrimas me brotaron de la profunda emoción que estaba sintiendo. Lo había conseguido, esos lunares… esa mano… era la mía