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–Qué divertido. Mira, Islanovska, desde aquí, se ve el rascacielos de Un Mundo Feliz. Con el brillo de la caída del sol, parece un lingote de oro.

–Sí. Se ve raro todo desde aquí fuera, ¿verdad?

–Sí, es verdad. ¡Ay, Noam! Ahora me doy cuenta de lo absorbida que estaba por el trabajo. Ocupaba todo mi pensamiento, todo mi mundo estaba allí en Un Mundo Feliz. Aunque haya pasado poco tiempo, ahora me miro, veo cómo me encuentro y me veo feliz. Antes, la vida era un aburrimiento muy frustrante, por eso me refugiaba en fantasías ilusas e ingenuas.

–Como el enamoramiento de Martin. Ya te vale, eso sí que es caer bajo.

–Qué tonto eres, jajaja. Ya, en serio, ahora puede parecer patético, pero antes no me daba cuenta, no era consciente de que lo era. Miguel Ángel me lo hizo ver, y luego justo esa noche te conozco a ti.

–Te entiendo, a mí también me pasó lo mismo. Estaba metido en una espiral de demostraciones, en un bucle infinito que, paradójicamente, me estaba conduciendo a mi asesinato. No me digas que no es surrealista. Me deberían pagar en la tele por contar mi caso, y, aún así, habría gente que pensaría que estoy loco, incluido yo si no me hubiera pasado a mí.

–Y fue Miguel Ángel quien te dijo eso.

–Sí. Y luego te conocí a ti. Y mi vida cambió. Lo que antes me obsesionaba ahora tiene una importancia relativa. Las dinámicas de pensamiento que poseían mi mente forman parte del pasado, ahora siento que tengo un sentido en la vida, una meta concreta a la que dirigirme.

–Qué bonito es eso que estás diciendo. Me encanta estar contigo, ha sido una novedad estupenda en mi vida conocerte. ¿Cómo es posible que conocer a una persona pueda cambiar las dimensiones de tu vida anterior?

–¿Habías venido alguna vez aquí?

–No, aunque siempre quise venir, pero nunca tuve oportunidad. Dicen que lo van a quitar, ¿no?

–No. Van a reformarlo. Creo que quieren hacer un centro comercial o algo así.

–Me encanta el sitio. Y nunca me había subido a una noria.

–Veo que estás viviendo muchas situaciones nuevas conmigo…jejeje…

–La verdad es que no lo puedo negar.

–Pues, entonces, no podemos frustrar esas expectativas, démosle a Islanovska el príncipe azul que siempre ha soñado. Cierra los ojos y abre la palma de tu mano.

–Estás loco, ¿qué quieres hacer?

–Tú relájate y abre tus sentidos. Y, ahora, dime qué es.

–Un anillo…

–Ya puedes abrir los ojos, ¿te gusta? Es un anillo de compromiso, pertenece a mi familia desde hace diez generaciones, como soy hijo único, yo soy el encargado de transmitir la herencia familiar, ¿lo aceptas?

–Lo acepto.

–¿Eres feliz?

–Mucho. ¿Y tú?

–Yo también.

–¿Sabes? Creo que tenemos una deuda de gratitud con él. Con Miguel Ángel.

–Yo también lo creo. ¿Pero te has puesto seria de repente? ¿Qué te pasa, amor?

–Es que tengo el presentimiento de que Miguel Ángel y los demás pacientes traman algo. Lo he detectado en las últimas sesiones con Eliza.

–Bueno, pues no digas nada que pueda impedir su camino.

–No, claro, no pensaba contarlo, pero, por otro lado, algo me dice, y esto es muy raro, lo sé, pero es que tengo la intuición de que Miguel Ángel pretende exactamente lo contrario, esto es, que se enteren todos.

–Dicen que las mujeres tienen el don de la intuición. A lo mejor eso que sientes es por algo.

–¿Y si me equivoco?

–Me has elegido a mí y no te equivocaste, con lo que…

–¡Ja, ja! Qué tonto, madre mía. Estoy tan a gusto aquí contigo… y creo que es porque desde aquí podemos ver más claramente cuál es nuestro sitio.

–¿Cuál?

–Este. Fuera de Un Mundo Feliz… ¿Me quieres?

–Mucho. ¿Y tú?

–Yo más.

–No, yo más.

–¿Cuánto más?

–De aquí a la luna.

–Yo de aquí al sol.

–Yo más que el conjunto de los números impares.

–Yo más que el conjunto de los números pares.

(…)

–Lo siento, pareja. No más vueltas. Vamos a cerrar.