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–Llorar por impotencia es llanto estéril. Llorar porque los sentimientos rebosan en tu mente es gratificante. ¿Por qué lloras, Islanovska?
–¿Qué hace usted aquí? Esta es zona restringida.
–A veces, cuando restringes algo, creas un efecto contrario. Como con las drogas en el mundo de hoy.
–Señor Miguel Ángel, está prohibido estar aquí.
–Ah, ¿sí? ¿Quién lo prohíbe?
–Las normas del centro. Si no se va, llamaré a seguridad.
–Muy bien, de acuerdo, llámalos y, mientras vienen, hablamos un rato. ¿Te parece?
–Eso voy a hacer.
–Bueno, pues hazlo. Mientras lo haces, te voy aconsejando que, a partir de ahora, te preguntes más a menudo quién pone las normas, en lugar de obedecerlas con esa elegante humildad que te caracteriza. Por ejemplo, llevas 32 años sin beber alcohol y en El Corán no hay ni una sola línea que lo entienda como droga y que lo prohíba. Solamente se cuenta que una vez el profeta vio a un borracho y le dio una paliza por no cumplir sus obligaciones. Infórmate, leerás que es el hermano del profeta, a la muerte de este, quien prohíbe el alcohol. ¿Por qué no llamas por teléfono? Llama, llama a seguridad si con eso te quedas más tranquila, no te preocupes, no tardarán mucho en llegar.
–Yo es que preferiría que se fuera. De verdad, es muy contraproducente que esté aquí. Está poniendo en peligro mi trabajo, me pueden echar por no haber cumplido las normas. No puedo estar aquí más tiempo, las cámaras me están registrando.
–Ah. ¿Lo dices por eso? No te preocupes. Tengo un amiguete en las cámaras. Ya lo decía Jesucristo, hay que tener amigos hasta en el infierno.
–…
–Perdón, ha sido un chiste privado. Volvamos al comienzo. Eliza también hace esto a veces, ¿verdad? Siempre intenta volver al comienzo de las conversaciones. Te felicito por la estrategia, Islanovska. Aunque el planteamiento es mérito de Alexia, tú lo has implementado con gran éxito. En el futuro, ella será una de tus mejores amigas, e incluso lucharás para salvarle la vida. Qué vida tan interesante te espera. Pronto dejarás de estar perdida en un camino perdido. Dime un problema que tuvieras en el pasado, por ejemplo, cuando tenías 22 años, ¿te acuerdas?
–Esos no eran problemas.
–Pero en el pasado lo fueron, y te preocuparon, y los concebiste como problemas, ¿cómo puedes decir ahora que no lo eran?
–Porque ya han desaparecido. Por lo tanto, no eran problemas.
–Esa es la misma razón que hace que ahora estés llorando por cosas que no son problemas, puesto que en el futuro no lo serán.
–¿Y usted cómo lo sabe?
–Tú misma lo has dicho. Te has referido a los problemas del pasado como no-problemas. ¿Cómo sabes que los de ahora son problemas de verdad?
–…

–Ya veo que lo vas entendiendo. Deja de llorar, Islanovska, la vida no es tan predecible. No siempre vas a estar enamorada de esta persona. De hecho, estas a tres horas y dos minutos de comprobarlo. Buena suerte, y no seas muy dura. Recuerda que el amor rebosa en tu mente. Y que es generoso.

–¡A mí!¡El otro día me hablabas a mí y no a Eliza!¿Cómo es posible?¿Cómo lo supiste?