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–¡Niño! ¿Y las sardinas? ¿Están listas ya?

–¡Nooo!

–No.

–Pues me pones dos rebujitos, dos tintos de verano, una manzanilla y un zumo de higo de tuna, con hielo. ¿Y tú, Anicka, que tomas? ¡Huy, perdona, Anicka!

–¿Esperáis las sardinas?

–Sí, esperamos. ¿Qué le estaba diciendo? Pues eso, darles las gracias, señor Fratella y señor Zischler. Gracias por prestarnos los diamantes, a Nexo no se le habría podido engañar sin dejar un rastro financiero.

–Por mi hija, lo que haga falta, señor Adil.

–Y por mi bambina, signore. Grazie, molte grazie. Pensavo che mia bambina era un po… y mi santa esposa, virgen y embarazada. ¡Un milagro! ¡Un milagro, eso era la mía bambina! Cuando vi la mia limousine por los cielos, abducida la mia bambina, pensé, la quiere, ese porco alienígena ama a la mia bambina y tiene cojones. Lloré, signore Adil, le juro por esta. Ahh, la mia bambina se nos va, le dije a mi santa esposa.

–Eeehh…Sí, señor Fratella, soy yo quien debo agradecerle poder contar con sus hombres, necesitaba elementos independientes, fuera del mundo que utilizaban los faraones directamente. Nexo los habría reconocido con rapidez.

–Los chicos del barrio que quieran pertenecer a la familia hacen lo que yo les digo. Malone y Luccianno pegaron un salto cuando dije que necesitaba dos hombres sanguinarios y creativos para ayudar a los amigos de la mía bambina.

–Algún día, signore, debería hablar con Miguel Ángel, seguro que le muestra caminos muy interesantes. Me disculpan, voy a acercarles su bebida.

[…]

(–Entonces, profesor Roger, ¿cree usted que es una prueba contundente para demostrar la inocencia de Miguel Ángel?

–Rotundamente sí, el estado Palestino-Israelí debería retirar los cargos…)

[…]

–Me encanta esta luz y este azul del cielo, es único. Me pone romántica… ¿Quién soy yo ahora, Miguel ángel? ¿María Magdalena?

–Eres la encantadora Alexia, mujer con una fortaleza de ideas inmortal. Todos nadamos en el mismo río, fluimos por él y cualquier sucesión de gotas de agua nos llevará hasta el océano. Podemos pararnos durante cualquier tramo del río en algún lugar de la orilla que nos guste. Si quieres que me pare en esta orilla contigo, yo seré feliz. Pero no intentes controlar el camino de gotas que nos lleve hasta el océano, ni ir corriente arriba. Hay mucho camino hasta el océano y lo bonito estriba en el camino, en fluir por el río sin saber por dónde te va a llevar.

–Pero tú lo sabes, tú lo controlas.

–No, es muy fácil saber por dónde fluye el río cuando te lo cuenta alguien que nada delante de ti. Y Adil nadaba delante.

–Siempre pienso en María Magdalena, qué difícil tener esa responsabilidad, esa fortaleza, ser la pareja de un Mesías y saber que sólo va a ser recordada por eso.

–Tal vez las ideas eran de Magdalena. Un Mesías nunca es un Mesías porque lo diga él, sino porque lo creen los demás. Tal vez seas tú la nueva Mesías.

–Pero, ¿qué dices? Yo solo deseo un mundo que no me asquee tanto que desee morirme. Un mundo mejor, un mundo donde todos tengan la misma oportunidad de ser felices. Un Súper Mundo feliz.

–Tú lo dices y así será.

–Vuestros tintos.

–Gracias, Adil.

–Gracias, hermano.

[…]

(–…gracias profesor Roger, y buenas noches en Los Ángeles.

–Buenos días, en Cádiz.

–Bueno, tras escuchar las palabras del profesor Roger, podemos adelantar que conforme se vayan analizando las innumerables páginas de texto generadas por las mentes de estos “Faraones” y la verdad vaya “resucitando”, por expresarlo de alguna manera, nos llevaremos numerosos días con grandes titulares. Hacemos punto y seguido aquí y continuamos con la mesa…)

[…]

–Adil, aún no te he dado las gracias por todo lo que hiciste.

–Ver a mi hermano tan feliz es suficiente. ¿Y Valeria? Tengo aquí su zumo.

–En el agua, con Alejo.

–Adil, voy a bañarme con Alexia y Alejo.

–Cuidado con las olas, Anicka, que hoy están fuertes.

–Que síiii.

–¿Quién es Alejo, Alexia?

–Pues ni idea, Adil.

–¿No lo has visto nunca?

–Pues la verdad, no.

–¿Y tú?

–Solo con los ojos de mi corazón.

–Venga ya, ¿quién es?

–Que te lo diga Valeria, ahí viene.

–¡Una toalla! ¡Una toalla! No veas cómo fisgan los españoles y luego dicen de los italianos. Y eso que está toda la playa en top-less, si fuera yo sola…

–Tu zumo de lo que sea. Tarde para taparte y para remilgos, ¿no, Valeria?

–El agua esta buenííísima, pero me ha entrado un frío al salir. ¿Me ves cara de tener remilgos, Adil? Además, está mi novio ahí, y es un palo que te miren tanto.

–¿Ahí? ¡Dónde!

–Con la tabla de wind. ¿Ves a Anicka sentada delante?

–Sí.

–Sí.

–Sí.

–Lo llamo y te lo presento, Adil.

[…]

(–…y es que estos hombres controlaban a fin de cuentas todos y cada uno de los movimientos económicos a macro escala mundial.

–¿Qué pensáis de Ramsés, ese faraón al que en última instancia acusan de traición? ¿Si se tratara de Adil Ibn Quivir, por qué un príncipe de arraigado linaje iba a renunciar a los privilegios que le ofrecía ser uno de estos “faraones”?

–No sería de extrañar que perteneciera al servicio secreto de la casa real de…)

[…]

–Adil, te presento a Alejo. Alejo, este es Adil, Miguel Ángel lo considera como su hermano.

–Hauska tavata.

–Dice que encantado de conocerte.

–Valeria, ¿vienes tú al agua? Esttá buenooosama.

–Aún no domina nuestro idioma, ¡ciao!

–Altísimo, rubio casi albino, blanco como una lechuga, parece un finlandés en vez de un extraterrestre. ¿No te parece, Alexia?

–Ojos como el azul del cielo y yo diría, Adil, que te ha hablado en finlandés.

[…]

(–Entre estos cisnes negros que tanto temían estos faraones había una niña. Su nombre no lo vamos a revelar por razones obvias, no es mayor de edad; pero sí me gustaría saber, y aquí tenemos a un experto nutricionista para contestar a esto: si en el caso de que el cambio climático prosiguiera, aquellos humanos que tuvieran la facultad de…)

[…]

–Le dije, señor Wittgenstein, que no hay playas como estas en el mundo para una buena luna de miel.

–¡Eh, los de la mesa, las sardinitas y el arroz marinero están listos!

–¡¿?! ¡Dios santo! ¡Mac Cain!

–¡Malone, Luccianno! ¡Me alegra veros, compañeros de fatigas! Y ustedes deben de ser los padres de Anicka y ustedes los de Valeria.

–¡Pero, cómo! ¿Cómo? ¡Dios Santo, Mac Cain, espera, voy a avisar a Islanovska y a los demás!

–(…de las enormes cataratas Victoria, el hotel hace diez años levantó grandes polémicas, nuestros espectadores recordarán que este fue el detonante para que la UNESCO declarara patrimonio de la humanidad ese bello entorno, muchos se han alegrado de su voladura…)

–¡Mac Cain! ¿Es que no me voy a poder despegar de ti, viejo verde? ¡Un abrazo!

–Faltaría más, Daisy-Ellen. Hola, Jack.

–Pensábamos lo peor, un beso.

–Encantado, Islanosvka.

–¡Mi caballero de acero y crema! ¡Bieeeen!

–A mis brazos, Anicka.

–Sabía que te vería.

–Y yo, bicho malo nunca…

–¡Ja, ja! ¡Miguel Ángel, Alexia! No hay catarata que pare a un viejo con esqueleto de Kevlar.

–¡Hola, fantoche! ¡Un besazo!

–Valeria. ¿Y Alejo?

–Pegado a la tabla. ¿Y Eliza?

–Señores, señoras, es para mí un placer tremendo poder presentaros aaa… ¡Eliza!

–Pero, mírala, tiene mis ojos y mi boca, pero en tu rostro se parece mucho a ti, Valeria.

–Pues, claro, Alexia, ¡¿no se va a parecer la madre a la hija?!

–Y calcada a mi cuerpo.

–Eso es Daisy. Y el chichi de…

–¡Mac Caaain!

–¡Uy! Perdona, Islanoska.

–(¿Eliza tiene la piel de color, Miguel Ángel?)

–No sé, los científicos sois vosotros, Islanovska.

–A ver, ¿qué recuerdos tienes, Eliza?

–¿Tienes alguna sensación al experimentar implantación de patrones?

–¿Podemos tener internet? ¡Ja, ja!

–¿Cuál era mi videojuego favorito?

–Perdonen, pero aquí las preguntas las hago yo.