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–Señor Chan, señor Chan, ¿puede oírme?

–Estoy saliendo del túnel, por Central Park, llevo ahí dentro hora y media. Todo el tráfico de Manhattan está colapsado, al menos por esta zona. ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Avance, idiota! ¿Es que todos los coches del mundo han decidido venir hoy a Manhattan? ¿Sí? ¿Me decía…?

–La situación se ha vuelto insostenible a estas alturas.

–¿Sigue la compañía manteniendo los puestos en todos los niveles de los anillos del perímetro exterior del hangar?

–El anillo de nivel cinco ha caído.

–¿Mantenemos el centro de seguridad del hangar?

–Totalmente.

–¿El acceso desde los ascensores del hospital?

–Cerrado a pesar de no haber sido posible sellarlo.

–Bien, deje el control informático en ese acceso y repliegue de ahí los agentes de seguridad. Tráigalos como refuerzo al centro de seguridad del hangar. No podemos perder el control informático de todo el sistema. Desconocemos su capacidad de incursión.

–Señor Chan, pueden intentar la apertura mecánica de la puerta de acceso desde el hospital como hicieron con el acceso del ascensor de mercancías desde el helipuerto de la azotea.

–Lo sé, pero eso les llevara tiempo y nos permitirá ocuparnos sólo del comando infiltrado.

–¡Señor Chan, el comando infiltrado accede por las selchas del techo a las paredes del cubo colgante del búnker de los laboratorios!

–Intentan acceder abriendo brecha con explosivos. No se preocupe está diseñado para absorber cualquier impacto. Estaré allí en breve, he tomado la carretera del parque, en una media hora tomaré el mando. ¿Ha replegado la seguridad de la puerta de acceso desde el hospital?

–Como usted ha ordenado.

–Bien, que se ocupen ellos.

–¡Señor Chan, el doctor Wittgenstein ha confirmado las pruebas de seguridad de la puerta de acceso desde el hospital y accede al hangar de seguridad! ¡La puerta se está abriendo!

–¡Informe, jefe de seguridad! ¿Se infiltra algún comando con él?

–Negativo, porta una camilla con un cuerpo, a su lado una chica y dos tipos que la han emprendido a tiros con todo corren hacia los ascensores.

–¿Nadie más? ¿Y la puerta?

–Cerrada de nuevo.

–Deben sellarla.

–Imposible con el fallo mecánico del ascensor de mercancías.

–Anulen el ascensor informáticamente.

–Negativo, ya lo hemos intentado.

–¡Dios, si estuviera allí! ¡Este tráfico no es normal! ¿Y ahora qué? Seguridad, todo el perímetro de Un Mundo Feliz está acordonado por la policía. ¿Sabe algo?

–No hemos sido informados, señor Chan. Debe de ser por la explosión.

–¿Todo el perímetro y no sólo el aparcamiento? Esto es muy extraño, trataré de informarme. Sigan así. Están haciendo un buen trabajo.

–¡Señor Chan! ¡Señor Chan! Una señora mayor ha salido del acceso del búnker de los laboratorios, está atravesando el fuego cruzado y se dirige hacia aquí. Lleva una muleta.

–¿Una muleta? Informe de quién es y qué quiere.

–Discute con los agentes de seguridad de acceso a control informático, me informan de que dice que se trata de la doctora Eliza y que exige salir.

–¿La doctora Eliza? Compruebe su entrada.

–Eso estoy haciendo. No hay registro de su entrada en el búnker del laboratorio.

–Entonces, ¿cómo puede salir si no ha entrado?

–Nadie lo entiende, señor Chan. El sistema ni siquiera la contiene. No está registrada.

–La doctora Eliza estaba ausente. Se hallaba pendiente de registro. Reténganla hasta que yo llegue.

–Demasiado tarde. Corre hacia la puerta de acceso del hospital, a pesar del riesgo de fuego, desobedeciendo a nuestros hombres.

–¿Con la muleta?

–Sí, con la muleta.

–¿Qué está pasando?

–Veo en el ordenador que el programa está procediendo a control de huellas dactilares, voz, iris y tomografía cerebral.

–¡Dios! Esto va a crear un bucle de subrutinas. El sistema no va a entender cómo puede solicitar salida alguien que no ha entrado. Esperemos que se bloquee el sistema y no abra.

–La puerta se ha abierto, señor Chan.

–¡Mierda!

–La doctora Eliza ha salido… ¡Espere! Vuelve a entrar, lleva de la mano a una mujer, debe de tratarse de una doctora del hospital, por la bata blanca que viste. La muleta era una ametralladora. Se abre paso, disparando, hacia los ascensores que conducen a los laboratorios.

–¿Y la puerta? ¿La puerta?

–Permanece abierta.

–¡Cerrarla!

–Veo movimiento. Sí, sí, no me cabe duda: se trata de otro comando. Abren fuego sobre los anillos del perímetro. Nuestras fuerzas de seguridad están abandonando los niveles y se repliegan al nivel del suelo del hangar. El nuevo comando se posiciona. Trae un prisionero.

–Salgan del centro informático y séllenlo; déjenlo autónomo, que no obedezca a ninguna perturbación, ni siquiera de nuestra parte. Que todos se replieguen y hagan plaza en el acceso a los ascensores para que no os hagan pinza entre los dos comandos. Comuníquese desde allí.

–¡Venga! ¡Venga!

(…)

–¿Señor Chan?

–¡Sí, sí, comunique!

–Estamos en control de ascensores. Los agentes se repliegan hasta aquí tal y como ordenó. Tenemos un problema.

–¿Cuál?

–No podemos sellar el centro informático. Detecta presencia humana.

–¡Un traidor! Alguien se ha quedado dentro.

–No, no. Estamos todos aquí. He realizado el recuento.

–¿Un espía? Lo que nos faltaba.

–Señor Chan, necesitamos la palabra clave que nos facilite el acceso a las secuencias de los ascensores por si tenemos que proceder a la retirada entrando a los laboratorios de investigación.

–Imposible, a los laboratorios sólo pueden acceder los científicos. No abandonen la plaza.

–Pero, señor Chan, nos está condenando a una muerte segura si no nos facilita la palabra.

–…

–¿Señor Chan? ¡¡¡Señor CHAN!!!