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–Agente Towers, agente Towers, aquí, agente Ellen, cambio.

–Agente Towers, informe, cambio.

–No se aprecia actividad en el hospital de Un Mundo Feliz. Los sistemas de seguridad del hotel han sido desactivados. Hay fuego en el hall del hotel. Tengo indicios de disparos de armas, posiblemente metralletas, parece ser cosa de la mafia.

–Negativo, agente Ellen, son comandos terroristas. Le informo de la situación: un primer comando ha accedido al edificio por el techo a través de un helicóptero. El segundo, desde los aparcamientos de la entrada principal del Golden State. Hemos coordinado la operación con la NSA y los SWAT. Tienen el edificio acordonado en un perímetro de una manzana alrededor. Tienen órdenes de acceder al búnker de investigación y llevarse los discos duros con los resultados obtenidos de las investigaciones de los cisnes negros y, sobre todo, la vacuna.

–¿Y los cisnes negros?

–Negativo, de eso nos ocuparemos nosotros. Cuando usted salga con el objetivo, nosotros asaltaremos el edificio y neutralizaremos a los terroristas. Agente Ellen, es una orden.

–Entendido, corto y cambio.

(…)

–¿Wittgenstein? Hoolaaa, soy yo, Islanovska, ¿estás aquí? Nada, en su despacho no está, tal vez en el despacho de Eliza…

(…)

–¿?

–Hola, doctora Islanovska.

–¿Miguel Ángel? ¿Qué haces aquí?

–Tengo una cita.

–¿Estás solo?

–Ya sí. Bueno, no, estoy yo y la papelera parlante al otro lado de los espejos.

–¡Ah, ese! ¿Y Noam? ¿Lo ha visto?

–Sí, tenía algo importante que hacer en el búnker del laboratorio.

–¿En el laboratorio…? Allí está Margaret…

–El amor y su principal enemigo: los celos. Si prefiere estar con Margaret y no contigo, lo estará, independientemente de sus celos. Puedes ahorrártelos y será más feliz, o al menos, no desperdiciarás tanta energía.

–Pero debo ir, debo avisarlo, hay hombres armados en las instalaciones de Un Mundo Feliz. Pero, para entrar, necesito a Mac Cain.

–Confía en Mac Cain, Islanovska, aunque quiera llevarla al infierno, nunca te fallará.

–(Videla 7, señor, he localizado un individuo maniatado, con la corbata metida en la boca, en la papelera.)

–(¡Saadme d a…í!)

–(Déjame verlo. No, no es el objetivo. No nos interesa. Dejadlo como está.)

–Aquí los tiene ya, márchese antes de que la vean.

–¡¿?! Dios mío, ya están aquí, demasiado tarde. ¿Y tú?

–Mi cita acaba de llegar.

[…]

–No es así, Mac Cain, si no le das vueltas a las poleas de la derecha y de la izquierda de manera acompasada, el andamio se ladea.

–Ya sé…ya sé, Anicka. No entiendo cómo puedes estar tan calmada. A mí me gusta una buena montaña, pero aquí fuera, con este viento, pendidos por lo menos a sesenta plantas de altura de un andamio del cuaternario… Tengo unas ganas locas de salir de aquí.

–Porque no miro para abajo, intento ver a través de las ventanas por dónde vamos. Hay mucho relente, no se ve bien.

–¡Aah! ¿Y por dónde vamos?

–No hay luz, mejor, y las ventanas no son de seguridad. Debemos estar todavía en la zona vacía. Veo gente, mercena… o como se llamen, buscándonos.

–Pues, mira, esta ventana de aquí abajo tiene ya luz.

–¿Por qué te paras? Son ventanas de seguridad, ni tú, mi caballero, podrás romperla.

–No perdemos nada con probar, déjame el escarpelo.

–Lo tienes tú.

–Ah, sí, es verdad, ya notaba yo que algo me pinchaba en la faja. A ver… ¡Hostia! Me lo he cargado. Alexia me mata.

–¡Dale un porrazo con la metralleta! Estamos a la altura del hospital, creo que junto a los ascensores.

–¡Eso es, por lo fino! ¿Hay pista libre?

–Sí. No, no, no. Ahí hay alguien, Mac Cain. Está como escondido.

–No veo nada, Anicka. ¿Pero?… ¡Pero si es la doctora Islanovska! ¡Tengo que avisarla de que estamos aquí!

–Golpea, Mac Cain, golpea.

–Ya voy. ¡TOMK! ¡TOMK! ¡TOMK!

–(Tomk, tomk, tomk)

–¿? ¿Y esto? No puede ser, hay alguien ahí fuera. ¡¡¡Mac Cain!!!

–¿Se ha dado cuenta?

–Creo que sí, Mac Cain. Viene hacia aquí.

–¡Mac Cain! ¡Mac Cain! ¡Han detenido a Miguel Ángel! Noam está en el búnker. Esto se ha llenado de soldadazos. La mayoría se han ido hacia el búnker, también. No sé qué hacer, no puedo entrar en el búnker.

–¿Qué dice? No me entero de nada de lo que dice, Anicka, ¿tú la escuchas?

–Escribe en el cristal con el dedo. Así no, hazlo al revés para que te entienda.

–Mejor escribe tú, porque yo…

–¿Y qué pongo?

–No sé, dile por dónde vamos a salir.

–Mac Cain, no lo sé.

–Pues hasta abajo no llegamos, no queda mucha cuerda. Espera, espera, Islanovska está escribiendo algo en su libreta. Léelo tú, Anicka, que yo sin gafas no puedo.

–Pues yo creía que los cyborgs no usaban gafas. Islanovska ha escrito: “¿por dónde pensáis salir?”

–Este cyborg, sí. Escribe, Anicka: “Quedamos en la piscina de la planta-jardín”.

–Dice que va para allá.

–Estupendo. Un poco de cuerda más y estamos allí.

–¿Y por qué en la planta jardín?

–Pues porque la planta entera es de cristal, las ventanitas son de pega, para guardar la estética y esas cosas. Recuerda que abrían los enormes ventanales para dirigir la brisa y para que entrara el sol: un espacio natural exterior en el interior para mantener un microclima y todo ese rollo.

–Pero, Mac Cain, los ventanales están muy altos, hay árboles en esa planta muy grandotes.

–Eso es, Anicka, nos encaramamos a un árbol y por ahí bajamos.

–Bueno, tú me aguantas, ¿eh?

–Llegó el momento, Anicka. Agárrate a mí como si fuera un mono.

–¡Ja, ja! Eso no será difícil.

–¿Por qué?¿Porque tú eres muy mona o porque yo soy un orangután, gracio…? ¡Que me caigo! ¡Agárrate fuerte, Anicka!

–¡¡¡CHOFF!!!

–¿? TATATATATATA.

–Respira hondo, Anicka, nos disparan, tenemos que sumergirnos.

–Mira, Mac Cain, Islanoska nos hace gestos desde la barandilla.

–¿Pero qué hace este loco? ¡Está nadando con la niña hacia el pequeño Iguazu! ¡MAC CAAIN!

–TATATATATATA.

–¡NOS VEMOS EN EL BÚNKER, ISLANOSKAAAAaaaaaaaaaa…!