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–Pero, chaval, ¿esto qué es? ¡No te veas cuánta peña hay aquí, Alejo! ¿No me digas que colgaste en Facebook lo de la fiesta?

–…

–¡Qué pasada! ¿Y ahora qué le decimos a “La concentración de góticos reunidos”? ¿Qué no hay fiesta?

–TRILILILILILILILILILILILI

–¡Mira, mira, Alejo, el casino también! Inundado, todo inundado.

–…

–Ya sé, ya sé que tenemos cosas más importantes en qué ocuparnos que en mi fiesta.Tú, como siempre, a lo tuyo. Comprende por lo menos que me hacía ilu, egoistón.

–…

–¡Yo sí que comprendo que la supervivencia de la humanidad del otro extremo de la galaxia es importante! ¡Eres tú el que no me comprendes a mí!

–…

–Valeee, no nos vamos a enfadar. ¿Qué haces? Al hospital, por los ascensores, no. ¿No te acuerdas del fuego? Cojamos las escaleras.

–…

–¡Pues claro que ha sido efectivo el traje de ceniza morada! Te lo digo porque, si se paran los ascensores, no vamos a llegar a tiempo antes de que se lleven a Alexia al búnker.

–…

–¿Un posibilitador cuántico para atravesar paredes? Ni hablar, yo no me disgrego.

[…]

–TRILILILILILILILILILILI.

–Joder, ¡qué escándalo! ¿Y la niña, Luccianno?

–Le he perdido el rastro, ¡puto mago de los cojones! ¿Y el pájaro?

–No estaba en la jaula, volvamos al hospital. La niña hablaba con una máquina. Debe de seguir allí. Tarde o temprano pillará el ascensor, subamos y montemos guardia en las cercanías.

–Tatatatatata.

–¿?

–PAC…PAC…PACPACPACPAC…

–¡Nos disparan por retaguardia! ¡Al suelo!

–¡Falsa alarma! ¡Falsa alarma, Videla 6! Se trata de una máquina de palomitas.

–¡Toma falsa alarma! ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!

–¡En la retaguardia dos sujetos armados! ¡Confirmado Videla 7!

–TATATATATATATATA

–¿Por dónde, Malone? ¡Que nos fríen! ¡BANG! ¡BANG!

–A través del fuego, al ascensor, si la vieja y esa no se han quemado, no nos vamos a quemar nosotros. ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!

–Malone, te digo que no salimos de esta.

–¡Ahora! ¡Échale huevos! ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!

–TATATATATATATA

–¡Hijos de peeerraaa!

[…]

–Bueno, ¿y ahora qué? ¿Cómo encontramos a Alexia?

–…

–Eres un genio, Alejo. Mirando en todas las habitaciones. Pues anda que no vamos a cantar. ¡Huy! Ese que viene por el pasillo con la camilla es un médico. Disimula, disimula.

–…

–Vale, se me ha olvidado que con el traje mimético no te va a ver…Buenas tardes.

–Buenas tardes.

–…

–¿Qué? ¿Qué quieres con tanto Valeria, Valeria?

–¿Valeria? ¡Valeria!

–(¿Lo ves, Alejo? Ya he pegao el cante).

–¿Tú eres Valeria? No sé cómo agradecerte. Miguel Ángel me contó que tú le advertiste de que planeaban asesinarme. Te estoy enormemente agradecido.

–¡Ah! Era eso. No hay de qué. Entonces usted es el doctor Wittgenstein.

–Sí, claro. Discúlpeme, no me he presentado. Debo trasladar a esta paciente al búnker.

–Espere un momento doctor. (¡Alejo! Quieres dejar de mirar bajo la sabana de la paciente, en este planeta es de muy mala educación.)

–¿?

–¡Je! Disculpe, le hablaba a mi novio, es que como lleva el traje mimético no lo puede usted ver. ¡Je! Bueno, en otra ocasión, hablamos más tranquilamente. Le veo a usted ocupado. Hasta la vista.

–Hasta la vista y gracias de nuevo.

[…]

–¿Ves como hay que echarle huevos?

–Toda esa pasma, ¿por nosotros?

–Esos no eran la pasma, Luccianno, ¿les has visto banderitas por algún lado? A lo nuestro, pon las antenas.

–Míralo, Malone, viene hacia el ascensor, como un corderito.

–¡Y ahora qué, hijo puta? Con que dándonos esquinazo, ¿no?

–¡SOCORRO! ¡SOCORRO!

–¡Calla a esta maricona, Luccianno!

–Te voy a moler a piñas antes de meterte un balazo.

[…]

–Huy, por poco. Y, ahora, dime que te pones a veces de un pesadito que no me dejas terminar las conversaciones con la gente. Mira que te lo he dicho mil veces, que luego la gente se piensa que estoy loca.

–…

–¿Qué? ¿Que Alexia era la que estaba en la camilla? ¿Y por qué no me lo has dicho antes?

–(¡Socorro! ¡Socorro!)

–Vamos, vamos, Alejo, ese es el doctor Wittgenstein.

(…)

–Deja ya las piñas y dispara, hostia puta, ya, que tenemos que pensar en cómo salir de aquí con la que hay montada abajo.

–¡QUIETOS!

–(Joder, ¿qué hace aquí la niña del jefe, Malone?)

–Valeria, ¿qué haces aquí? ¿No ves que estamos trabajando? Ya sabes que tu padre no quiere que te metas en estos asuntos.

–Pues se acabó el trabajo, necesito llevarme a esta paciente. A ver… ¡Tenías razón, es Alexia! Doctor Wittgenstein, ¿qué le pasa a Alexia? ¿Está muerta?

–Uf, gracias, Valeria, de nuevo. Debo llevar a Alexia al búnker inmediatamente. No tengo mucho tiempo además.

–Ni hablar, Alexia se viene con Alejo y conmigo. Es algo, muy, pero que muy importante.

–(Malone, como se entere el jefe de que hemos dejado a su niña aquí, con la que está cayendo, nos la cargamos)

–(Ya lo sé.) Oiga, amigo, si la niña dice que se lleva la camilla, se la lleva.

–Es un tremendo error, Valeria. Alexia ha tomado una potente droga, si Miguel Ángel no le da el antídoto, dentro de tres horas, morirá.

–¿Qué hacemos, Alejo?

–…

–Bien, doctor Wittgenstein. Alejo me dice que usted tiene acceso al búnker. Irá al búnker, pero con nosotros.

–(Malone, ¿con quién habla? Esta está como una rega…)

–(Yo qué sé, ni me importa, lo que si sé es…) Tú te vienes con nosotros, Valeria.

–YO ME VOY AL BÚNKER, ¿CAPITO? Así que, arrivederci.

–(Joder, con el genio de la niña consentida esta, Malone).

–Ho capito, Valeria, ma tuo padre non vorrebbe lasciarti qui da sola. Así que, nos vamos contigo, con el fiambre, el valiente y tu amigo imaginario. Tutto a posto, ¿vero? Andando, Luccianno.

–Pero, Malone, con la que hay formada, ¿adónde quieres que vayamos? ¿A la boca del lobo?