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–¡Cero!

–Comando Videla, aquí comando Pinochet, necesitamos cobertura desde el acceso del hotel, hemos encontrado fuerte resistencia en el hangar, estamos bloqueados en el montacargas.

–Negativo, negativo, aquí comando Videla, el fuego del hall nos impide el paso hacia el hotel. Repito: el fuego del hall nos impide el paso. Seguimos con el protocolo, eliminamos los sistemas de seguridad del hotel. Algunos hombres se van a colocar el traje ignífugo para valorar la situación.

–¿Tiempo estimado, comando Videla?

–En breve, comando Pinochet.

[…]

–¡En la cámara, mire, hay alguien en el fuego, en la escalera de la capilla! ¿Valeria? ¡Valeria está entre las llamas!

–¡Dios mío! Cogeré unos cuantos hombres y los extintores, pero eso no podrá con el fuego.

–Mire, hay alguien más, con trajes ignífugos, en la escalera principal. ¿Quiénes son esos? ¡Oh!

–Todas las cámaras inoperativas a la vez, señorita Daisy. Esto es deliberado. Es un atentado.

[…]

–Bien, entendido, Videla 8. Comunicando a comando Pinochet, el fuego es falso, se trata de una maniobra disuasoria de distracción. Repito: el fuego es falso. Tomamos el hotel al asalto en tres…

[…]

–Tuviste que hacerlo, ¿eh?

–…

–¿No contestas? Ok. Muy bien. ¿Estás de verdad loco o qué? Hemos podido arriesgar la oportunidad que se nos ofrece para conseguir un mundo mejor sólo por una mujer.

–Si no pudiéramos hacer eso, en verdad te digo que no sería un mundo mejor.

–Me lo estoy jugando todo por ti, lo sabes. No comprendo cómo has podido pedirme también que hiciera esto, después de lo que nos ha pasado con Margaret.

–Podía haber huido libremente, una mala acción cambió su destino. En última instancia, ella es la responsable de su propia muerte. Lo de ahora sólo se lo puedo confiar a mi hermano. Dime, Adil, ¿has sido un verdadero Judas y me has vendido por unas monedas?

–Sí, Nexo pagó bien al informador, ¿ves como Mahatma también me ha sido útil? Tendrías que haberme visto. Irreconocible.

–Eso espero, que Nexo no haya desconfiado de ti.

–Has formado con esa cortina de fuego unos bonitos efectos especiales, pero aparecerán, Nexo compra a los mejores.

–Por eso te compró a ti. ¿Tengo otra cita?

–Fui bien claro: despacho de la doctora Eliza y aquí estás. Aún estás a tiempo, tardarán un rato en llegar.

–Yo nunca falto a mis citas.

–No, está claro que no. Tendrás que ser tan persuasivo con ellos como conmigo si quieres que no te maten al acto y que te conduzcan al búnker del laboratorio.

–Cegados por el odio, su voluntad será fácil de doblegar.

–Portan Khalasnikof, como no los hipnotices…

–…

–Hay veces que se me olvida que estoy hablando con “El Gran Pepino”. Me marcho, tengo que tomar prestado un helicóptero.

–Sólo el montacargas sube hasta el helipuerto, ¿has pensado en cómo subir?

–He dado la vuelta al mundo navegando en solitario. ¿Que cómo pienso subir? Por las escaleras, Miguel Ángel, por las escaleras. Triple Alfa, Pepino.

–Triple Alfa, Judas.

(…)

–Vamos, vamos, este es el objetivo: despacho de la doctora Eliza. Cerrado. Videla 18, ábrala.

–TATATATATATATA…Abierta.

–Videla 18 y 17 a la derecha.16, conmigo.

–Videla 7, señor, he localizado a un individuo maniatado dentro de una papelera con la corbata metida en la boca.

–¡Saadme d a…í!

–Déjame verlo. No, no es el objetivo. No nos interesa. Dejadlo como está.

–Videla 7, lo he localizado. Está ahí, tras la cristalera, sentado en el sofá, mirando cómo arde un sombrero.

–No nos ve, Videla 18. Eso no es una cristalera, por el otro lado es un espejo.

–Pues ahora nos va a ver: TATATATATATA.

–¡Alto, mamón!

–¡Quieto!

–¡Las manos arriba y quietas, que podamos verlas!

–¿Eso qué es, cabrón?

–¿Eso? Mi chistera.

–Hecha demasiado humo. ¡Mascarillas! ¡Mascarillas!

–Tranquilos, sólo estáis aspirando un poco de yaguasca que, finalmente, no he usado. La quemo para que no me metáis en la trena por posesión de narcóticos.

–Maldita sea, estoy aturdido. Graciosillo, ¿no? ¿A que así se te quitan las ganas de hacer gracia, eh? Con mi Khalasnicof entre las cejas ¿eh? no pestañeas, ¿a que no? Te crees muy duro, ¿aprieto el gatillo, eh? ¿Eh?

–No quieres apretar el gatillo Videla 7. Quieres reunir todos tus hombres del comando Videla para dar cobertura al comando Pinochet. Deseas arrestarme y entregarme a Pinochet 1, en el búnker del laboratorio.

–¿Eeeh? ¡Ya me habéis oído, arrestad a este mierda! ¡Vamos a entregarlo a Pinochet 1! ¡Venga, Videla 17 y 18! ¿Qué esperáis?