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–Trilililililililililili…

–No, Islanosvka, de esta guisa, por las escaleras, no, no, no, por ahí no paso. Cojamos mejor los ascensores.

–¡TRILILILILILILI!

–¡Guau! Alguien se debe de haber puesto muy contento en el casino. Esa máquina no para de echar perras.

–Alguien no, todos, Mac Cain, digo, doctora Eliza. Es insólito, inaudito, todas las máquinas escupen premio. ¡Mire!

–TRILILILILILILILtatatata…trililililitatata…trililililiTATATATA… ¡TATATATATA!

–¡Cagüenlahostia! ¡A cubierto, Islanovska! ¡Quédate agachada, que no nos vean!

–¡Qué…! ¿Qué? ¡Están disparando!

–Disparan al techo, intimidan a la seguridad del hall. ¡Silencio! Déjame que evalúe la situación.

–¡Es verdad! ¡Lo que usted me contaba, es verdad! No está loco…

–(Han roto parte de la campana del pequeño Iguazú, hay fuego y agua por todas partes. Los de seguridad tienen extintores. Estarían intentando apagar el fuego. Los sueltan en el suelo y levantan las manos. Estos tíos llevan trajes ignífugos, pero hay otros que no. ¡Metralletas de la antigua URSS! ¡Mercenarios!)

–¿A ver?

–¡Agáchese! Son los que vienen a por Eliza, como le dije. ¡Silencio! Voy a dormir un poco para soñar con la solución.

–Retiro lo que dije de que no estaba loco.

–Vale, es un poco confuso, pero he soñado que corríamos hacia los ascensores mientras nos decían: “alto o disparo”. En ese preciso instante, usted atravesaba el fuego, creo que iba de mi mano, mientras se escuchaba el ruido de los disparos.

–Estupendo, Mac Cain, ya sabemos que eso es justo lo que no hay que hacer, me ametrallan y me quemo. No hay que soñar para saber eso, es fácilmente deducible.

–Se equivoca… ¿Qué es esto? ¿Qué es esto?

–¿Esto? La máquina que consigue ocultarnos para que no nos ametrallen.

–Sí, pero, ¿qué es? Una máquina expendedora de palomitas. ¿Tiene una moneda?

–Como una cabra. Tome.

–Y, ahora, ¡deme la mano y corra!

–¿Y las palomitas? ¿Y las metralletas? ¿Y el fuego? ¡¡Loco de remate!! ¡¡AAAYYY!!

–¡ALTO! ¡ALTO O DISPARO!

–PAC…PAC…PACPACPACPAC…

–¡Nos disparan por retaguardia! ¡Al suelo!

–¡Falsa alarma! ¡Falsa alarma, Videla 6! Se trata de una máquina de palomitas.

–¡Mierda! ¿Y los sujetos?

–Han huido atravesando las llamas.

[…]

–Planta 25, el hospital, espere que saque la tarjeta de acceso al área de personal.

–¿Por qué no dejas de mirarme con esa expresión, doctora Islanovska? Cuesta trabajo de aceptar, ¿eh?

–¿Cómo sabías que…?

–Lo descubrí gracias al doctor Holtz y a sus cartitas.

–¿El doctor Holtz? Bien, aquí es, la sala de reuniones, aquí podrás esperarme tranquilo. Debo advertir de esto a mi amor, está varios despachos más allá, tenía “mago de Oz” con Miguel Ángel. Hace tiempo que debería haber terminado. Espero que todavía se encuentre allí.

–No me estará hablando de ese niñato del Wittgenstein, ¿ese es tu novio?

–No es ningún niñato. Venga, entra en la sala y estate quietecito, no rompas nada.

–¡¿…?! Eeehh…

–¡Islanovska! ¡Menos mal! El profesor Martin solicitó una reunión de urgencia de coordinación. Pero aún no ha aparecido.

–(Ni aparecerá.)

–(Cállate, Mac Cain). Stephanie, le presento a la doctora Eliza.

–Mucho gusto. Encantada, soy la asistente personal del doctor Holtz. He oído hablar mucho de usted.

–¿Y el doctor Holtz?

–Le surgió un asunto urgente con la señorita Daisy. Está en su despacho.

–(Menos mal) Voy a avisar al señor Wittgenstein de la visita de la doctora Eliza. Le alegrará saber que se recupera de su afonía y que, posiblemente, no tendrá que realizar más la suplencia.

–(Islanovska, ¿qué haces? No me dejes aquí.)

–(Enseguida vuelvo, vaya al baño o algo así.)

–(Joooder).

(…)

–Y bien, doctora Eliza, ¿qué le pareció el informe que se le envió la semana pasada sobre la actividad cerebral tomográfica en el síndrome de tornasol?

–Eeehhh, muy tornasolito, hija, muy tornasolito. ¿Me disculpa? Tengo que ir al baño, al de señoras, claro.

–¡Doctor Holtz! Tenemos aquí una presencia inesperada, la doctora Eliza.

–¿La doctora Eliza?

–Doctor, le presento a la doctora Eliza.

–Sí, yo iba al baño.

–Doctora Eliza, un placer, pero, por favor, pase a mi despacho.

–Yo iba al…

–Sí, sí, en mi despacho lo encontrará, pase, pase, será solo un momento.

–RAC, RAC.

–¡Jodido Holtz, ha cerrado la puerta con llave! Pero… ¡Anicka! ¿Qué haces aquí?

–¡Doctora Eliza!