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–Señoras y señores, ¡que comience el espectáculo!

–Miguel Ángel, ¿qué haces?

–Señorita Daisy, ¿tiene usted una percha para mi chaqueta? ¿No? ¿Y usted, caballero? Tampoco. Oiga, no se vaya, que no le estoy pidiendo dinero, sólo le estoy pidiendo una percha. Está bien, ya que me he quitado la chaqueta, no pienso permitir que se me arrugue, tal vez si la estiramos un poco y… ¡Vaya! Esta chaqueta traía incluido todo un galán de noche. Así está mucho mejor.

–(¡Guau!).

–(¿Has visto? Mira, mira, un mago).

–Y una vez mi chaqueta está bien colocada, procedo a remangarme para que vean que todo en mí es transparente. Señores clientes de Un Mundo Feliz, personal, amables recepcionistas y nuestra adorable gerente, os diré que estoy aquí, en este maravilloso hall, para hablaros del amor, sí, de ese amor que todos pretenden. ¿Tiene usted mucho amor señorita Daisy? Veamos qué carta tiene usted aquí. ¿A ver? ¡El As de Corazones?

–¿Cómo lo ha hecho?

–Y aquí y aquí y aquí. ¡Señorita Daisy, tiene usted ases de corazones por todas partes! Veo que está llena de amor.

–(¡Bravo, bravo! ¡Plas, plas!)

–Acérquese usted.

–¿Yo?

–Sí, usted vela por nuestra seguridad, confío en usted. Tengo…Tengo en mi chaqueta este fajo de billetes que agradecería que me guardara. Es mucho dinero, ¿verdad?

–Sí que lo es.

–Téngalo ahí en sus manos. Como les decía, el amor todo el mundo lo procura, pero pocos están dispuestos a darlo. Hay que ser generoso con el amor. ¡Que llueva amor! Si no tienes amor, ¿para qué quieres el dinero? Lo he pensado mejor, ¡tire ese dinero!

–¿Qué?

–¡Vamos, vamos! ¡Tírelo al aire!

–(¡OOOOH!)

–Esto es una bonita lluvia de corazones, les aseguro que valen mucho más de lo que valían antes. Pero, ahora, una espesa niebla os está cubriendo la mente, si os descuidáis, esta niebla aumentará, aumentará y aumentará.

–(¡Mirad! De la chistera).

–(Sí, sí, lo veo).

–Y de vuestras cabezas…

–(Es solo humo, no tengas miedo, hombre).

–(Es que no se me quita de encima).

–Es inútil que intentéis quitároslo con las manos. De vuestras cabezas, llegará a lo más bajo de vosotros. ¡ASÍ! A vuestros pies.

–(¡Ooooh!)

–(Increíble).

–(Bravo, bravo).

–(¡Miguel Ángel! ¡Me persiguen! ¡Me quieren matar!)

–¡Dejad que los niños se acerquen a mí! ¡Tú, por ejemplo!

–Si despejáis la niebla de vuestros pies y no de vuestras mentes, esto es lo único que veréis: dinero y más dinero.

–(¡Los corazones, son billetes de nuevo! ¿Los cojo?)

–(¡BILLETES! ¡BILLETES!)

–(¡Claro, tonto! ¡Agáchate antes de que no quede ninguno!)

–(Bah, se han convertido otra vez en corazones).

–Os esclavizareis por dinero, mataréis por dinero… Señorita Daisy, apague un segundo todas las luces al sonido del trueno (Anicka, escóndete con Daisy tras el mostrador, ella te protegerá)… Perderéis los seres más queridos por dinero…

–¡PANG!

–(¡…!)

–(¿Dónde está?)

–(¿Y la niña?)

–Jodidos magos, lo dicho, los odio.

–(¡Mirad, allá arriba!)

–(¡Levita!)

–¿Anicka, qué haces aquí abajo?

–Me persiguen, señorita Daisy, ayúdeme, por favor.

–Ven conmigo.

–Yo he despejado mi mente, la tengo llena de amor y no de dinero. Dicen que cuando tienes amor estás en el cielo. Y es cierto.

–(Míralo, está levitando, ¡ja, ja!)

–(¡Plas, plas!)

–(¡Bravo!)

–Pensáis que el infierno se queda abajo, nada más incierto. Los dos están unidos juntos en vuestras mentes.

[…]

–Comando Videla, dispuestos para tomar el hall. Responda, comando Pinochet.

–Aquí, comando Pinochet, bajamos por el montacargas hacia el hangar del búnker. Atacamos en… Tres…

[…]

–Todo es química, pero es tu pensamiento el que crea la química. Solo cuando el fuego de la sabiduría consiga vencer al odio…

[–¡Dos!]

–(Se ha inmolado).

–(Está ardiendo, ¡increíble! ¡Bravo!)

–(¡Plas, plas!)

–UN MUNDO DE AMOR SERÁ POSIBLE.

[–¡Uno!]

–(¡Fuego, fuego!)

–(¡Aaaaah! ¡Aaaaah!)

–(¡Socorro!)

–¡Comando Pinochet! ¡Abortamos, no hay acceso! ¡El hall de Un Mundo Feliz está ardiendo! ¿Comando Pinochet?

[–¡Cero!]