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–¿Señorita Eliza? ¿Señorita Eliza?

–¿Quién eres tú?

–Yo me llamo Anicka, ¿dónde está Eliza?

–¿Qué hora es?

–Pues mediodía y aún no he comido.

–Debo llevar cerca de una hora aquí, meditando, Miguel Ángel me dijo que me acercara por su habitación a las dos y media… ¿Y tú? ¿Qué quieres?

–Tengo cita con Eliza, ¿no está? ¿Has estado con Miguel Ángel? Miguel Ángel es un gran mago, lo recuerdo de otras vidas, siempre ha sido un amigo muy guay.

–Anicka, la niña vampiro. ¿Eres amiga de Miguel Ángel?

–Y de Valeria y de Alexia y del señor Mac Cain, de todos.

–¡Valeria! La chica que me ha salvado.

–Alejo, el novio de Valeria, me explicó que lo que me a mí me pasa es que cuando no hay luz, puedo desplazarme a mi antojo por el espacio, dejo de percibir el tiempo en estado lineal, y que eso es porque prescindo de las secuencias de fotones o algo así, y por eso me acuerdo de otras vidas. Miguel Ángel me pidió que salvara a Eliza, y que me apartara de la luz para hacerlo.

–Querida Anicka, Eliza no es más que un disco duro de datos y una programación de la doctora Islanovska.

–Ya lo sé, no creas que por ser niña soy tonta, pero, de todos modos, Eliza es muy guay y es mi amiga. ¿Está aquí o te la has llevado?

–No, está aquí.

–Alejo dice que es más fácil que me vengan recuerdos de otros tiempos si he estado en el mismo sitio en otras vidas. Y es cierto. Yo estuve aquí en 1929, mi amor se tiró desde la última planta de este edificio. Miguel Ángel era entonces un limpiabotas. Colocaba su cajoncillo frente a las escaleras de Wall Street, en mi bloque de apartamentos. Siempre tenía algún halago para mí, y, a pesar de ser un limpiabotas, era culto y educado; su amistad fue un regalo para mí. Limpiaba las botas de los Kennedy y de los Morgan. Conversaba con ellos. Sabía tanto de bolsa como el que más. Kennedy una vez le dijo: “si el limpiabotas ha quitado el dinero del parquet, yo también lo haré.” Desgraciadamente mi amor no hizo caso, se llamaba Adil y murió aquí en el crack del 1929.

–Vaya, lo siento.

–No importa, he notado su presencia. Sé que está aquí, junto a la de Miguel Ángel, será mayor, como vosotros, pero verlo otra vez en la vida me alegra el corazón.

–Ahora sé lo que es el amor, te entiendo. A ti te basta con que tenga lo mejor, con que sea feliz. Serás una gran persona, Anicka.

–Gracias, ¿cómo te llamas?

–Noam Wittgenstein. Todo el mundo me llama Wittgenstein porque mi padre fue, es grande.

–Yo no conozco a tu padre, te llamaré Noam. ¿Y tu amor?

–Gracias. Islanovska, se llama Islanovska.

–¡La madre de Eliza! Sabes escoger. Bueno, apaguemos la luz, si queremos salvar a Eliza.

(…)

–¡AAAH!¡ Ahí!¡ Hay un nombre apuntándonos con un arma!

–¡Jodida cría! ¡Cómo ha podido verme! Luccianno, atrápala o alertará a todo el edificio.

–Hecho. ¡Cómo corre! ¿Dónde está?

–A ver pajarito, ¿y tú? ¿Dónde te has metido? ¿También has echado a volar? ¿Está ahí atrás, señor Wittgenstein? Malone tiene un regalito para ti, ¿Wittgenstein?…Pero, ¡coño de cría! ¿Con quién estaba hablando? ¿Con una máquina?