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–Agente Ellen. Agente Ellen. El Agente Towers, corto y cambio.

–(…)

–Comprendo, no estás en situación de comunicación. Escucha con atención: una explosión de grandes dimensiones ha sucedido en los aparcamientos subterráneos del Goldstein State. Repito: una explosión de grandes dimensiones acaba de tener lugar en los aparcamientos subterráneos de Un Mundo Feliz. ¿Tenemos actividad en la sede de Un Mundo Feliz? Inspeccione, procúrese comunicación segura e informe. Corto y cambio.

[…]

–Ya está, la policía a todo meter, Malone. Vayamos a echar un vistazo antes de que acordonen la zona y después llamamos al jefe. ¡Venga, Malone, baja del coche, hostias, que es para hoy!

–De acuerdo, Luccianno, pero deja que compruebe la pipa, aguanta el ímpetu, hay que ser precavido.

[…]

–¿Señor Chan? Perdone que le moleste. Hemos localizado una transmisión encriptada que se ha colado desde el exterior en Un Mundo Feliz.

–¿Al búnker de seguridad?

–No, hacia aquí no, hacia el hotel, pero ha pasado por el centro de seguridad. Utiliza nuestra red.

–¿Internet? Malditos bastardos. Compruebe qué ordenador ha respondido a la señal.

–Señor Chan, hay más de diez mil terminales en el edificio, si la señal se ha saltado la central, irá dejando un rastro de falsos IPs; puede ser una tarea interminable.

–Compruebe primero los de los cinco pacientes anómalos. Sois los mejores desencriptadores del mundo.

–Señor Chan, permítame decirle que algunos de los mejores también fueron reclutados por la NSA y la CIA. No puedo confirmarlo, pero esto no parece la maniobra de unos locos.

–Ya… ¿La secuencia de los ascensores está activada?

–Sí, señor, si es que usted se ha ocupado de cambiar la clave esta mañana.

–Hace dos horas exactamente que lo he hecho, a las nueve, para el primer turno de científicos. ¿Están todos los científicos es sus respectivos laboratorios?

–Sí, con la salvedad de la doctora Eliza, señor Chan, así me lo confirmaba la seguridad de puerta de Un Mundo Feliz a la nueve y tres minutos.

–Compruebe la secuencia personalmente, asegúrese de que no han cambiado las rutas de los ascensores. Es imposible que adivinen la clave, se me ocurre a mí espontáneamente… Vaya, viernes trece, mala pata…

–Eso parece.

–Haga esa comprobación e informe. Eleve la seguridad a nivel 1.

[…]

–Mujer caucásica de mediana edad, indocumentada, manden más patrullas, procedemos a acordonar la zona.

–Esto se está llenando de curiosos, Sue. Estupendo. ¿Y bien? ¿Mandan más patrullas o no? ¡No vamos a controlar todo esto con dos coches solo! ¡Vamos, digo yo!

–El equipo forense viene de camino, y los de homicidios y el FBI, también. ¿Qué te parece, Bill?

–Ya estamos con la puta psicosis del 11-S, viendo terroristas por todos lados. Ajuste de cuentas de la mafia al más puro estilo neoyorkino. ¡Como si no hubiéramos visto esto antes más de una vez, Sue! Eso es lo que ha pasado aquí y no tonterías de terroristas. ¡VAMOS, CIRCULEN! ¿QUÉ ESTAN MIRANDO?

[…]

–¿Has escuchado eso, Luccianno? Comprueba la matrícula.

–Es la correcta, Malone.

–Pues la hemos jodido, ¿quién es esa tía?

–No me importa, subamos a terminar el trabajo.

–Será jodido el tío, ¿se habrá esfumado?

–Si todavía está dentro, dale por muerto.

[…]

–¿Señor Chan?

–¿Ha comprobado los ascensores personalmente?

–Sí, la secuencia funciona perfectamente.

–Estupendo, los científicos y los resultados de sus investigaciones se hayan a salvo entonces.

–Hay algo más, señor Chan. Ha tenido lugar una fuerte explosión en los aparcamientos del edificio. Puede que no guarde relación pero…

–¿Nos ha afectado en algo?

–Ni los sistemas de energía ni los sistemas de comunicación se han visto afectados, pero podría haber sido un intento.

–Estoy de acuerdo, debemos pasar a modo autónomo. Sellemos el búnker, aíslelo del resto de Un Mundo Feliz. Aumente la seguridad a nivel 2.

[…]

–Joder, qué concurrido está esto.

–(Luccianno, las cámaras, una allí y otra allí, ¿las ves?)

–Tranquilo, pasaré detrás del mago, con el gentío no se me verá.

–Agacha la cabeza en recepción, tendrán otra cámara allí.

–¿Y que la rubia esa no vea mi guapa cara italiana?

–Tú mismo, Luccianno, yo me quedo tras la cortina de agua.

–Señorita, desearía ver al señor Wittgenstein.

–¿Perdone? ¿Tiene usted cita?

–Sí.

–Señor…

–Señor White.

(…)

–Lo siento, señor White, pero no me aparece nada con este nombre.

–Y no habría algún modo de…

–El señor Wittgenstein está ocupado. Tal vez desee hablar con alguien del gabinete psicológico del doctor Holtz.

–No, no, muchas gracias, me pasaré otro día.

[…]

–Señor, señor, ¿me sujeta la chaqueta?

–(…)

–Oiga, no se vaya, que no le estoy pidiendo dinero. Sólo le estoy pidiendo una percha.

[…]

–¿Y bien?

–Malditos magos, los odio. Te juro que si alguna vez me dieran el encargo, los liquidaba a todos con mucho gusto, te lo juro, Malone.

–Déjate de magos y al grano.

–Aún está aquí, gabinete de psicología o algo así. Mira ahí, en el croquis.

–Arriba, área de asistencia personalizada de tratamientos. Esto debe de ser, Luccianno.

–Pues vamos.

[…]

–Señor Chan, señor Chan, el ascensor de carga no obedece y no se trata de un problema informático, sino mecánico. No podemos sellar el búnker.

–¿Algún helicóptero de carga en el helipuerto?

–El último partió hace una hora, los siguientes han sido anulados. ¿Contacto con la seguridad de última planta?

–Una hora para manipular el ascensor de carga desde el helipuerto… Se les ha colado un comando.

–¡Señor CHAN, señor CHAN! ¡Seguridad del helipuerto no contesta, observamos en la cámara de la azotea un helicóptero sin identificar!

–¡Alerte a toda la compañía de seguridad! Que tomen sus puestos para la defensa del hangar. Prohíba el tránsito de científicos hacia el hangar del búnker, dígales que estarán seguros si permanecen en sus laboratorios. Nivel máximo de seguridad.

–Estos son fuerzas especiales, un asalto en toda regla, me temo, señor Chan.

–No cabe duda.